El factor internacional de Ucrania: la UE y Trump
El regreso de Trump a la Casa Blanca hacía temer inicialmente un abandono estadounidense de Ucrania por la cercanía del "señor naranja" a Putin, la bronca con Zelenski de la que hablamos en este mismo blog y sus furibundas quejas a la OTAN a la que no quería contribuir más. Así que cabía esperar no ya una reducción drástica de ayuda, sino mayor presión para alcanzar un acuerdo de paz que implicase rendición total para Ucrania cuando no relegarse a una posición negociadora mucho más débil.
Sin embargo, durante 2026 se ha consolidado un modelo diferente: Europa paga y Estados Unidos proporciona buena parte de las armas a través del PUR. Se trata de un mecanismo financiero y militar de la OTAN diseñado para canalizar los fondos de los países aliados hacia la compra acelerada de armamento estadounidense destinado a la defensa de Ucrania. A mediados de año los aliados ya habían comprometido más de 6.000 millones de dólares. Además, el Senado norteamericano aprobó un durísimo paquete de sanciones contra Rusia y países que compren su energía, aunque todavía tiene que pasar por la Cámara de Representantes. De momento el comité lo ha aprobado pero no podrá ratificarlo hasta noviembre.
Tampoco puede ignorarse que los interceptores de misiles Patriots, cuya licencia ostenta EEUU, se están acabando por motivo de la guerra de Irán. Así que en esta coyuntura ya no venden más a Ucrania. No obstante, la propia UE está dispuesta a transferirle dinero para que a su vez se los compre a los países miembros que aún dispongan de los mismos.
La revolución de los drones y la IA
En este punto me voy a extender más porque es crucial. Tanto Ucrania como Rusia utilizan inteligencia artificial y sistemas de autonomía en el campo de batalla. Ambos países desarrollan y despliegan armas no tripuladas para superar las defensas del enemigo respectivo.
Ucrania ha convertido en muy escasos años la tecnología en una forma de compensar su inferioridad convencional, material y humana. Concretamente ha alcanzado una considerable ventaja relativa mediante la producción masiva de drones baratos y conectados con FPV. Su carrera tecnológica, con más de 200 empresas locales fabricando equipos, le ha permitido desarrollar drones de fibra óptica resistentes a la guerra electrónica con navegación autónoma y capaces de continuar la misión aunque pierdan comunicación con el operador. También disponen de drones de largo alcance contra instalaciones situadas a miles de kilómetros y les aplican reconocimiento mediante IA para identificación automática de objetivos. Es más, el gobierno de Zelenski creó un Centro de Inteligencia Artificial de Defensa para procesar videos del frente y mapas con rapidez. De esa manera, el ejército usa estas herramientas para rastrear objetivos y coordinar ataques.
Consecuentemente, la tecnología de drones ha permitido a Ucrania hacer más daño a Rusia sin tener que igualarla en soldados. Algunas de las campañas más duras han sido los ataques a refinerías de petróleo y a infraestructuras de logística de Wildberries (el conocido como "Amazon ruso") durante este verano. Esto ha aumentado aún más la dependencia de terceros de Rusia. Incluso Zelenski comunicó el plan para bloquear el espacio aéreo de Rusia con drones para forzar un eventual cierre de aquél. Así que la estrategia de presión se acrecienta con el paso de los meses. Sin embargo, en lo que aún les falta es en desarrollar interceptores baratos que sustituyan a los Patriots estadounidenses, ya que Trump no es partidario de ceder licencias de tecnologías especiales de defensa a terceros países por seguridad. Los misiles balísticos de Rusia son especialmente avanzados tanto por velocidad como por trayectoria y los drones, por sí solos, no son capaces de bloquearlos. Además, para desarrollar interceptores propios necesitarán importante material procedente de Europa.
Rusia también emplea IA en misiles y equipos militares complejos. Por ejemplo, incrementó la autonomía de sus drones de ataque para que eligieran el blanco final sin intervención humana. De esa forma, las fuerzas rusas probaron drones kamikaze guiados por IA capaces de seleccionar y golpear objetivos civiles y militares por sí solos en zonas como Zaporiyia. Sin embargo, su IA no está tan avanzada como la ucraniana debido al bloqueo de Occidente en componentes como sensores, procesadores y memoria. Como veremos, depende de China.
Las debilidades de Ucrania
Pese a los puntos anteriores, tampoco puede caer Ucrania en el triunfalismo. Entre sus debilidades, obviamente su economía y población son mucho menos potentes que que las rusas. Por eso destaca el déficit de soldados con un desgaste de personal acusado desde 2022 (entre bajas y deserciones por la militancia forzada). Pero también es reseñable su escasa capacidad para proteger sus ciudades e infraestructuras energéticas. Esto deriva sobre todo de sus limitaciones en defensa aérea y que Rusia conserva la capacidad de causar enormes daños mediante sus misiles balísticos. Los constantes bombardeos recibidos han dañado gravemente el sector energético, los suministros básicos de agua y electricidad y la economía ucraniana en su conjunto. Así que a pesar de que Kiev consiguiese abaratar enormemente su capacidad ofensiva, sigue dependiendo de sistemas occidentales carísimos para defenderse de los ataques rusos. A ello se le une tanto la lentitud como la fluctuación en la llegada de ayuda militar y financiera, incluyéndose bloqueos como los que hizo Orban de Hungría en la Unión Europea. Todo esto pone en cuestionamiento su resiliencia a largo plazo, así que el hecho de que Rusia tenga dificultades no significa que Ucrania esté facultada para doblegarla pronto.
La crisis militar y económica en Rusia
Rusia dispone de enorme capacidad militar pero con un problema creciente de recursos humanos. El coste humano de la guerra está poniendo a prueba su capacidad para mantener el ritmo de reclutamiento necesario. Se llevan registradas 1,4 millones de bajas rusas en combate existiendo entre ellas 450.000 muertos, es decir, una media de bajas de 30.000 por mes en 2026 y una proporción de 8 bajas frente a 1 ucranianas. Rusia se halla en un escenario de elevadas pérdidas humanas que confluye con una necesidad permanente y creciente de nuevos reclutas que dificultan mantener el ritmo.
Así, Visual Politik nos cuenta que Putin impuso unas cuotas de reclutamiento a las 89 regiones rusas con un sueldo base de 400 mil rublos pagado por Moscú, que duplicó desde 2024 el importe inicial en 2022. Pero las regiones han aprobado complementos y disparado las cifras por dos motivos: falta de voluntarios y como guiño para obtener futuras recompensas. A consecuencia de ello, se disparó su endeudamiento añadiéndose al tremendo déficit de una economía nacional saturada por la inflación, fundamentada en la guerra, cerrada a mercados occidentales y que ha recortado gasto social.
La pregunta del millón sería si Rusia podría seguir reemplazando sus pérdidas sin recurrir a una eventual movilización general, que se empezó a rumorear para plantearse tras las "elecciones" legislativas del 20 de septiembre. Porque pese a disponer de una enorme profundidad estratégica y recursos, Ucrania está forzando que cada vez sea más caro mantener la ofensiva rusa. Rusia necesita reponer constantemente las bajas y reclutar nuevos soldados requiere ofrecer incentivos económicos cada vez más costosos y recurrir a mecanismos más agresivos. En 2022 ya comprobó Putin el coste político y social de movilizar a cientos de miles de hombres y durante este 2026 el coste humano ruso parece estar creciendo desequilibradamente en relación con los avances territoriales obtenidos.
El frente terrestre y el avance
Durante estos años, Rusia se ha dedicado a seguir atacando y ocupando territorio mientras que Ucrania sufría problemas gravísimos de personal, munición y defensa aérea. Sin embargo, el dato que cambia la perspectiva en 2026 es que la ofensiva rusa ya no está consiguiendo el progreso que Moscú necesitaría para transformar su superioridad material en una victoria definitiva. En lugar de ello, se asiste a un estancamiento del avance ruso.
Ucrania confirmó en agosto la recuperación durante este 2026 de unos 700-745 km² de territorio (26 localidades) en las regiones de Dnipropetrovsk, Donetsk y Zaporiyia. Se trató del mayor avance ucraniano en los últimos tres años de guerra. Los rusos, en contraste, solo avanzaron unos 35 km² en todo el mes de julio. A ese ritmo, les costaría casi dos años conquistar lo que Ucrania recuperó durante este. Su ofensiva se benefició de tres factores clave: primero, los recursos aéreos ucranianos con aviones occidentales, sistemas de defensa antiaérea y drones. Segundo, el mal tiempo en enero que dificultó mucho la detección rusa. Tercero, el corte de Starlink a las fuerzas rusas (1 de febrero) que usaban para pilotar drones eludiendo el jamming ucraniano, es decir, el bloqueo de comunicaciones mediante emisión de ondas de radio en la misma frecuencia. Se quedaron temporalmente ciegos y vulnerables, de manera que Ucrania aprovechó la ventana de oportunidad con grupos de infiltración.
Según el ISW, un centro de análisis dedicado a estudios sobre la guerra en Washington, señaló este verano que el ritmo de avance ruso seguía siendo bajo después de más de dos meses de ofensiva primavera-verano. Esto le ha permitido a Ucrania poder realizar contraataques locales en determinadas zonas y ganar algo no menos importante: tiempo, capacidad de adaptación y capacidad para impedir que Rusia alcance sus objetivos militares. Ahora bien, en el frente oriental hacia centros estratégicos como Kramatorsk sí que se ha producido un avance constante y gradual de las ropas rusas, han expulsado a unidades ucranianas e intensifican los ataques con bombardeos para debilitar la logística y cortar las rutas de suministro de Ucrania.
El factor internacional de Rusia: Corea del Norte y China
Corea del Norte proporciona a Rusia munición, misiles, soldados y personal especializado mientras que Moscú proporciona a Pyongyang experiencia de combate militar, conocimiento tecnológico y cooperación con otra potencia nuclear que le aporta información para mejorar sus sistemas. En tal contexto, Ucrania estaría sirviendo involuntariamente como campo de pruebas para armas norcoreanas. Pero el apoyo de Kim-Jon-Un atravesó varias fases. En 2023 y 2024, Corea del Norte empezó proporcionando a Rusia grandes cantidades de munición de artillería y cohetes, además de misiles balísticos. Esto permitía a Moscú aliviar uno de sus problemas que era el enorme consumo de munición de una guerra de desgaste. Después llegó algo mucho más significativo como tropas norcoreanas. Pyongyang llegó a desplegar unos 14.000 militares en territorio ruso, principalmente relacionados con las operaciones en Kursk. En 2025 y 2026, los soldados norcoreanos ya habían adquirido experiencia de combate real. Y eso obviamente tenía un valor enorme para Pyongyang, que lleva décadas preparándose para una eventual guerra. Según la inteligencia militar ucraniana citada por Reuters, una unidad norcoreana estaría desplegándose en el oeste de Rusia, con 90 militares y potencialmente hasta 120 misiles balísticos y seis lanzadores. Además, Rusia ha vuelto a utilizar en agosto misiles norcoreanos KN-23 y KN-24 rompiendo una pausa desde finales de 2025.
El papel de China ha sido menos directo, entre otras cosas porque (aunque no lo parezca) su posición oficial es neutral en esta guerra. Habría entrenado de forma encubierta a unos 200 militares rusos, principalmente en el empleo de drones e inteligencia artificial. Junto a esa formación, le suministra tanto aquéllos como componentes electrónicos y especialmente los microchips para procesar los modelos de algoritmos de IA militar. El gigante asiático ha sido fundamental para impulsar y modernizar la industria militar rusa frente a las sanciones occidentales. En primer lugar, los nuevos drones a reacción incorporaron mayor velocidad, resistencia a la interferencia y sistemas de guiado apoyados por IA. Segundo, Pekín estaría compartiendo datos de reconocimiento satelital e imágenes de alta precisión, procesando Moscú dicha información para identificar infraestructuras estratégicas ucranianas y coordinar ataques con misiles de forma automatizada. Y tercero, no sólo han usado la IA para ataques físicos, sino que en la vertiente de guerra híbrida han usado también bots para difundir desinformación en redes sociales en orden a desestabilizar el apoyo occidental a Ucrania.
ConsideracionesUcrania no está ganando la guerra, dado que no ha recuperado los territorios ocupados por Rusia, pero tampoco la está perdiendo porque Putin no ha logrado la ruptura que necesitaba para imponerse. Lo que sucede es que Ucrania está resistiendo mejor. Ha conseguido mantener el frente, sostener el apoyo occidental, adaptarse tecnológicamente, incrementar su capacidad ofensiva y dañar profundamente a Rusia, dificultando su avance y elevando su coste económico, militar y humano. Sin embargo, su menor población con déficit de soldados mayor y vulnerabilidad de sus infraestructuras energéticas ante ataques aéreos siguen siendo puntos débiles importantes como para acercarse a doblegar a Rusia. En el plano internacional, Trump no ha reproducido la política de Biden y su estrategia aparente de presión se ha reducido a exigir sin suerte que Ucrania deje de atacar estructuras energéticas rusas y se adopte una especie de tregua parcial y selectiva. Tampoco ha acontecido la ruptura occidental que Moscú podía esperar. Así que Ucrania ha conseguido sobrevivir a otro de sus mayores interrogantes estratégicos de 2026: qué ocurriría si cambiaba radicalmente la política estadounidense. Además, a esto se une que Europa continúa implicada.
Rusia está sufriendo desgaste humano y económico, si bien ha encontrado fuentes externas para compensarlo parcialmente. Los drones e IA obtenidos gracias a China permiten no exponer a sus soldados, pero tampoco le ha impedido sufrir importantes daños en infraestructuras y tener que refinar el petróleo fuera. Corea del Norte tampoco puede convertirse en una fuente ilimitada de tropas, sino que es más un parche que un plus permanente. Los avances territoriales son relativamente lentos y ha de seguir tirando de su población y con incentivos cada vez más exigentes que endeudan a las regiones y a las que, además, se les asfixia a impuestos. Así que puede que Moscú conserve la capacidad para continuar la guerra, pero cada vez le resulta más difícil acercarla a una victoria decisiva tras más de 4 años y medio. Eso puede explicar reacciones a la desesperada como comunicar advertencias a la OTAN. Putin ni se ha planteado si está obteniendo suficiente territorio para justificar el coste que está pagando, puesto que en lo que ha derivado el conflicto en 2026 no es tanto en quién puede ganar la guerra como en quién puede sostener durante más tiempo el esfuerzo necesario para evitar perderla.
La pregunta que queda abierta de cara al futuro es la siguiente: ¿puede la combinación de tecnología y apoyo occidental a Ucrania más desgaste ruso transformar una guerra que parecía favorecer a Moscú en otra que ya no puede ganar en los términos que pretendía? Existen tres escenarios. El primero es el desgaste mutuo continuado en el sentido de que ninguna consiga imponerse y la guerra continúe un año más. El segundo es que Rusia supere los problemas de personal y mantenga la presión. El tercero es que el modelo colapse y no le quede otra salida a Putin que optar por la movilización general. Llegado a ese callejón sin salida, pienso que Ucrania ganaría una posición negociadora que podría pausar la guerra. Tal y como está la situación, ordenaría por orden de probabilidad el primero y seguido del tercero. Porque quien por el momento esta más cerca de acentuar su erosión es Moscú y, consecuentemente, la duda de cara al futuro no es tanto si Rusia pueda continuar la guerra sino cuánto puede mantener ese ritmo de desgaste.

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