miércoles, 4 de noviembre de 2026

Elecciones 'Midterm' 2026: los demócratas recuperan el control del Congreso

En el día de ayer 3 de noviembre se celebraron en EEUU las conocidas como Midterm Elections (elecciones de medio mandato). Ante todo, no hay que olvidar que el sistema parlamentario del país del Tío Sam es presidencialista, dado que ni existe primer ministro ni el Presidente es elegido por el poder legislativo. Sin embargo, éste sí puede determinar buena parte de la política gubernamental precisamente desde mediados de la legislatura. Los estadounidenses renuevan toda la Cámara de Representantes cada dos años y el Senado por tercios también cada dos, de manera que cada senador ejerce cargo por 6 años. Así que en estas elecciones se iban a renovar 35 senadores con un suelo inicial de 34 para los demócratas y 33 para los republicanos. Por su parte, la composición vigente de la Cámara desde las elecciones de 2024 (en las que regresó Trump a la Casa Blanca) era de 218 republicanos, 214 demócratas, un independiente y 2 vacantes por dimisiones en Florida (demócrata) y Texas (republicano). En el senado, 53 republicanos y 45 demócratas, 2 independientes. Las elecciones han dejado un resultado mucho más contundente de lo que inicialmente podía anticiparse, pues los demócratas han conseguido recuperar el control de las dos cámaras del Congreso, así que vamos a analizar todo lo ocurrido en estos comicios que han dejado a Donald Trump ante una segunda mitad de mandato marcada por la oposición parlamentaria.

Antecedentes (I): las elecciones de medio mandato

El resultado de las MidTferm siempre ha solido interpretarse como una evaluación de la gestión presidencial y es lo que les otorga especial interés. Con arreglo a los datos recogidos por el American Presidency Project, entre 1934 y 2022 el partido del Presidente perdió de media 27 escaños en la Cámara de Representantes y 3 en el Senado. Solo en tres ocasiones aumentó su representación en la Cámara. Ello puede verse en la siguiente tabla, de manera que desde 2006 en adelante siempre ha perdido fuerza en la Cámara de representantes el partido del presidente en el mandato:

Año Presidente Resultado para su partido
1994 Bill Clinton −54 representantes y −8 senadores.
Los republicanos controlaron ambas cámaras.
2006 George W. Bush  −30 representantes y −6 senadores.
2010 Barack Obama −63 representantes y −6 senadores.
2014 Barack Obama −13 representantes y −9 senadores.
2018 Donald Trump −41 representantes y +2 senadores.
2022 Joe Biden −9 representantes y +1 senador.
La excepción más llamativa en estos últimos 30 años fue 2002, cuando los republicanos de George W. Bush subieron 8 diputados y 2 senadores tras los atentados del 11-S. Esos resultados superaron los apenas 4 diputados más de Clinton en 1998. Esto permite explicar que la tendencia histórica, pese a mantenerse en los últimos años, tampoco es una ley electoral invariable: los acontecimientos extraordinarios, la popularidad presidencial, la economía o los candidatos concretos pueden alterar el resultado ya sea para bien o para mal. Sin embargo, Memorias de pez apunta otros factores adicionales como podría ser el efecto movilizador de los descontentos con la gestión del presidente y que contrasta con la relajación de los que la valoran bien.

La particularidad en el caso de 2026 es que Trump afrontaba estas elecciones durante un segundo mandato no consecutivo. Así que resultaba interesante comparar estos resultados con los de su primer examen electoral de mitad de mandato en 2018, así como también con otros presidentes que atravesaron periodos de impopularidad.

Antecedentes (II): primer mandato de Trump. Las Midterm de 2018

Ante todo, existe una diferencia importante entre el escenario de entonces y el actual. En 2018, la economía estadounidense crecía y el desempleo era bajo. Trump podía defender su balance económico, aunque los aranceles a China hubiesen generado fricciones comerciales. En 2026, la cuestión económica se vincula por el contrario a una combinación más amplia y agresiva de aranceles, tensión de precios energéticos y guerra con Irán. Por otra parte, la sanidad y la economía estuvieron entre las prioridades de los votantes, mientras que la inmigración tuvo una importancia especial en la campaña y en la movilización republicana. Las principales polémicas de esos dos primeros años, antes de lo que se avecinaba con el Covid-19 y el espectáculo del Capitolio, fueron las siguientes:

La agresiva política anti-inmigratoria. En mayo de 2018, la Administración Trump aplicó una política de tolerancia cero que condujo a la separación de miles de menores de sus padres en la frontera con México. Las imágenes y las denuncias provocaron una oleada de críticas nacionales e internacionales y Trump acabó firmando una orden para poner fin a ello en junio. Meses después, en las semanas finales de la campaña, Trump convirtió la caravana de migrantes centroamericanos que avanzaba hacia EEUU en uno de los ejes de sus mítines. Ordenó desplegar militares en la frontera y etiquetó la inmigración como una amenaza para la seguridad sin promocionar un modelo alternativo.

La cercanía a Putin y la investigación rusa. En julio, Trump se reunió con Vladimir Putin en Helsinki. Recibió críticas de republicanos y demócratas por no respaldar públicamente las conclusiones de Inteligencia sobre la injerencia rusa en las Elecciones de 2016. Al mismo tiempo, la investigación del fiscal Robert Mueller avanzaba: en agosto, Michael Cohen, antiguo abogado de Trump, se declaró culpable de varios delitos incluido uno relacionado con la financiación de la campaña, mientras Paul Manafort, exdirector de campaña, fue declarado culpable de delitos financieros. De cualquier manera, tampoco pudo demostrarse una conspiración de Trump con Rusia.

La sanidad y la protección de las enfermedades preexistentes. Los intentos republicanos de derogar o debilitar partes de la reforma sanitaria de Barack Obama (Ley ACA) fueron un tema electoral importante. Los demócratas, en su día, quisieron ampliar la cobertura médica a aquéllos que no tenían seguro mediante subsidios, la expansión de Medicaid y la prohibición de denegar seguros por enfermedades preexistentes. No se alcanzó a ningún consenso sobre un nuevo modelo y también existía cierto temor a las consecuencias sociales. Sin embargo, los demócratas centraron buena parte de su campaña en la defensa del modelo.

Principales controversias de la segunda legislatura de Trump

La economía como frente de desgaste: guerra arancelaria y el coste de la vida. Tras la legislatura de Biden, EEUU llegó a unas cotas muy elevadas de deuda pública e inflación que se percibieron social y mediáticamente relacionadas con los costes de la guerra entre Rusia y Ucrania y especialmente a la colaboración norteamericana con esta última. Trump llegó a su inesperado segundo mandato con la promesa de abaratar la vida de los estadounidenses. Sin embargo, muy pronto apostó por el mantenimiento de una política arancelaria agresiva y señalando especialmente a China, a quien vio como el principal rival de EEUU ya desde su primer mandato. Los aranceles encarecen las importaciones y trasladan buena parte de ese coste a empresas y consumidores internos, aunque su efecto final dependa de los productos afectados, los márgenes empresariales y las respuestas de los países afectados. Los expertos como en el canal VisualEconomik apuntaron esa guerra comercial como una posible estrategia para lograr dos cosas: primero, que el dólar se depreciase y así fuese más competitivo y segundo, forzar a la Reserva Federal (FED) a que bajase los tipos de interés para disminuir el coste de la deuda. Sin embargo, lo que ha terminado favoreciendo Trump es una mayor incertidumbre. Los datos de una encuesta Reuters/Ipsos publicada el 9 de octubre de 2026 son incontestables: el 78% de los encuestados atribuía al menos parte de la subida de precios a las políticas de Trump, el 64% de los republicanos también señalaba alguna responsabilidad de la Casa Blanca y finalmente el 57% de los republicanos consideraba que los precios crecían más rápido que sus ingresos.

Política exterior bajo presión: La guerra con Irán y el encarecimiento de la energía. El conflicto iniciado en febrero de 2026, tras los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán, constituye otro de los asuntos centrales. La guerra ha contribuido a elevar los precios energéticos, con repercusiones en el combustible, el transporte y el coste general de la vida. Trump presentó la operación Furia Épica como una campaña que permitiría alcanzar sus objetivos militares en poco tiempo. Sin embargo, sus sucesivos anuncios sobre la proximidad del final del conflicto contrastaron con la persistencia de las hostilidades y alimentaron la incertidumbre sobre su duración. 

Así, el 1 de abril afirmó desde la Casa Blanca que la guerra terminaría en un plazo máximo de dos o tres semanas al tiempo que aseguraba que los objetivos militares estaban cerca de cumplirse. El 1 de mayo comunicó al Congreso en la que anunciaba el "fin de las hostilidades" argumentando que no se habían producido intercambios de fuego entre las fuerzas estadounidenses e iraníes desde el 7 de abril. La declaración tenía, además, una dimensión jurídica: permitía a la Administración defender que no necesitaba solicitar una nueva autorización del Congreso para continuar las operaciones. Sin embargo, las fuerzas estadounidenses seguían presentes en la región y persistían las tensiones en torno al estrecho de Ormuz. El 12 de junio declaró en un mitin telefónico para Georgia que "no sé si se enteraron, pero hoy pusimos fin a la guerra con Irán" tras alcanzar un memorando programado para el 19 de junio. Con la misma facilidad que puede salir una risa floja ante tamaño comentario, el alto el fuego terminó quebrándose semanas después en julio. El 9 de septiembre pronosticó que el conflicto concluiría de forma inmediata justo después de las Midterm Elections. En octubre ya entró en barrena comunicativa reiterando a primeros que no habría más ataques por "conversaciones productivas", a mediados que el fin de la guerra ocurriría ya fuera "por las buenas o por las malas" y a finales que la resolución se pospondría "para un par de semanas". 

Estas idas y venidas desprovistas de la misma seriedad y responsabilidad que un "a ver si nos vemos un día" no pudieron ocultar la realidad: tras diversas treguas y negociaciones, se había llegado a noviembre sin la crisis resuelta y con el estrecho de Ormuz parcialmente cerrado. Además, por si fuera poco, la situación en Oriente Medio se ha recrudecido con los ataques de los hutíes de Yemen a Arabia Saudí. El desgaste político también se reflejaba en la opinión pública. Según una encuesta de AP-NORC publicada el 1 de octubre, el 69% de los estadounidenses consideraba que no había merecido la pena librar la guerra, mientras que el 71% desaprobaba la gestión de Trump sobre Irán. Solo el 28% aprobaba su actuación en este asunto. 

El acuerdo energético con Rusia. En octubre, a pocas semanas de las elecciones, Trump anunció un acuerdo con Putin para reanudar las exportaciones de diésel ruso a EEUU. Ahora bien, el primer cargamento identificado debía llegar a Nueva York el 7 de noviembre, después de las elecciones. Este movimiento pudo deberse a un intento de relajar a los mercados e intentar abaratar el coste del petróleo máxime cuando se complicaba la situación en Oriente Medio. Pocos días después, Trump anunció la suspensión del paquete de sanciones contra Rusia que se llevaba tramitando desde finales de verano y debía de ratificarse en noviembre en la Cámara de representantes. Todo esto, obviamente terminó siendo celebrado por Putin. Pero la contradicción política es evidente: después de mantener la presión económica sobre Rusia por la invasión de Ucrania, la Administración Trump flexibiliza restricciones energéticas para intentar aliviar los precios internos y esconder el fracaso rotundo de su incursión contra Irán. A esto se le une que no parece que a corto plazo vaya a generar beneficio tangible para EEUU, como tampoco tendría visos de alivio importante para Rusia. Así que en este caso, a la luz de muchos espectadores, la sensación es que prima más un lavado de imagen de dos auténticos autócratas.

Popularidad de Trump e intención de voto al partido republicano

El promedio de encuestas de octubre arroja una aprobación de 38,3% de la gestión de Donald Trump y una desaprobación del 60,3%, con un saldo neto de -22. Esto se traduce en un promedio de intención de voto de 51,1% favorable a los demócratas frente a un 42,8% de los republicanos, es decir, una ventaja de 8,3 puntos. En cuanto a la movilización electoral, Pew Research Center publicó un estudio que aporta una dimensión importante. El 44% de los votantes registrados afirmaba que votaría principalmente contra Trump, frente al 19 % que decía hacerlo a favor de él. Por intención de voto, los simpatizantes demócratas declaraban una motivación especialmente elevada para participar y hasta el 84% consideraba la economía como un elemento central con preocupación por la inflación y el coste de la energía. Por otra parte, hay datos de participación anticipada que merecen seguimiento. Associated Press informó de que ya se habían emitido más de 13 millones de votos anticipados o por correo, frente a unos 9 millones en el mismo punto de 2022. Ahora bien, el aumento no demuestra por sí solo una ventaja para ningún partido, pero es una circunstancia que puede insinuar que la subida de participación puede ser considerable.

La comparación con el primer mandato de Trump permite plantear una diferencia relevante. En octubre de 2018, el presidente llegaba a las elecciones con una valoración negativa, pero el saldo de aprobación era menos desfavorable que el que registran ahora varios agregadores. En 2026, como ya hemos dicho, la guerra con Irán, el encarecimiento de la energía y las relaciones con Rusia han añadido una dimensión económica y exterior muy marcada. El problema para la Casa Blanca no era únicamente el coste militar o el encarecimiento de la energía, sino también la enorme distancia entre las expectativas que había generado sobre una operación breve y la prolongación de un conflicto sin una salida perceptible para la opinión pública. Así que, en definitiva, esta campaña ya ha estado marcada por una valoración muy desfavorable de Donald Trump y una ventaja demócrata en la intención de voto nacional para el Congreso.

Resultados electorales: una derrota republicana de alcance histórico

Con el recuento todavía pendiente de concluir en este 4 de noviembre, los demócratas cuentan con 54 senadores frente a 44 republicanos, restando sólo dos escaños por adjudicar. De los 35 puestos senatoriales que se renovaban, los demócratas han ganado 20 y los republicanos 13. En la Cámara de Representantes, el balance provisional es de 228 escaños demócratas frente a 139 republicanos, con otros 68 todavía pendientes de asignación. Aunque estas cifras aún pueden variar, las mayorías demócratas en ambas cámaras ya están aseguradas.

Los resultados más llamativos se han producido en Texas (tradicional bastión republicano) y en Carolina del Sur. En Texas, el demócrata James Talarico ha derrotado a Ken Paxton en la carrera al Senado, poniendo fin a casi cuatro décadas sin una victoria demócrata en unas elecciones senatoriales allí. Pero el vuelco no se ha limitado a esa contienda. Gina Hinojosa también ha derrotado al gobernador republicano Greg Abbott. Se trata de un resultado especialmente significativo en un estado que Trump había ganado con claridad en las presidenciales de 2024. Y en Carolina del Sur Annie Andrews ha derrotado a Darline Graham en otra victoria histórica para el partido que llevaba décadas sin conseguir un escaño senatorial en dicho estado. A ello se suman la recuperación del escaño de Ohio por Sherrod Brown, la victoria de Roy Cooper en Carolina del Norte y el resultado histórico de Kansas, donde los demócratas han vuelto a conseguir un senador por primera vez desde la Gran Depresión.

La reacción de Trump tampoco estuvo exenta de contradicciones. Por una parte, afirmó que acepta los resultados. Por otra, durante la campaña había pedido reiteradamente a los estadounidenses (como en Texas) que votaran como si su nombre apareciera en las papeletas, convirtiendo las elecciones en una especie de plebiscito sobre su presidencia. Sin embargo, tras la derrota republicana, recurrió precisamente al argumento contrario: «Yo no estaba en la papeleta y, de haberlo estado, ¡habríamos arrasado!», escribió en Truth Social. A la vista de los resultados, está claro que los ciudadanos estadounidenses se tomaron al pie de la letra su mensaje de campaña.

Consecuencias

La nueva mayoría demócrata en la Cámara de Representantes puede bloquear buena parte de la agenda legislativa de Trump, aunque el presidente conserve su poder de veto (sólo rebatible por dos tercios de dicha Cámara) y amplias competencias ejecutivas siempre sujetas a los límites legales y al control judicial. Las negociaciones presupuestarias también serán mucho más difíciles, ya que los demócratas podrán condicionar el gasto, oponerse a determinadas partidas y recurrir a la financiación federal como instrumento de presión. Esto abre la puerta a enfrentamientos políticos y al riesgo de bloqueos presupuestarios que podrían tener consecuencias sobre el funcionamiento de la Administración y los servicios públicos. 

Además, la mayoría demócrata controlará las comisiones pudiendo convocar comparecencias, solicitar documentación y abrir investigaciones sobre decisiones de la Administración, posibles conflictos de intereses o actuaciones de sus responsables. Las citaciones y requerimientos de información pueden, a su vez, provocar enfrentamientos jurídicos si la Casa Blanca se niega a colaborar o invoca determinados privilegios para no entregar documentos.

De manera más específica, la presión demócrata podría afectar a cinco frentes relevantes de la Administración Trump: la guerra con Irán (condicionando su financiación, exigiendo autorizaciones legislativas y reforzando investigaciones y control político); Ucrania y Rusia (revisando ayuda militar, sanciones y acuerdos energéticos); Israel (revisando o condicionando la ayuda militar cuya retirada progresiva anunció Trump precisamente el día de las elecciones); inmigración (limitando la financiación y fiscalizando operaciones de deportación) y economía y aranceles (reforzando el control presupuestario e intentando limitar algunas de las facultades delegadas al presidente).

En cuanto al Senado, los demócratas podrán bloquear o condicionar numerosos nombramientos presidenciales que requieren su consentimiento, tanto en la Administración como en la Justicia. Esto estrechará el margen de Trump para renovar equipos, cubrir vacantes estratégicas y configurar a largo plazo determinadas instituciones federales.

En el escenario más extremo, la Cámara de Representantes podría aprobar, por mayoría simple, artículos de acusación política (impeachment) contra el presidente. El procedimiento pasaría entonces al Senado, que celebraría el juicio y necesitaría el voto favorable de dos tercios de los senadores presentes para condenarlo y destituirlo. No estamos, por tanto, ante una moción de censura como la que conocemos en España: el presidente no es sustituido por una nueva mayoría parlamentaria, sino que se somete a un procedimiento constitucional específico de acusación y eventual destitución.

En la memoria de muchos está el caso de Bill Clinton, sometido a este procedimiento entre 1998 y 1999 tras las investigaciones sobre su relación con Monica Lewinsky y las declaraciones que realizó bajo juramento. La Cámara aprobó dos artículos de acusación, por perjurio y obstrucción a la justicia, pero el Senado terminó absolviéndolo en febrero de 1999. La votación quedó lejos de los dos tercios necesarios: 55 senadores votaron por la absolución en el cargo de perjurio y el resultado fue de empate, 50 a 50, en el de obstrucción a la justicia. La división entre los propios republicanos impidió que prosperase la condena. Al menos, todo aquel episodio nos dejó un cómic de Mortadelo y Filemón: ¡Impeachment!, publicado en el número 150 de la colección Olé.

Donald Trump, por su parte, ya conoce de sobra este procedimiento. En 2019 fue sometido a un primer impeachment por abuso de poder y obstrucción al Congreso, a raíz de sus presiones sobre Ucrania. En 2021 llegó el segundo, por incitación a la insurrección tras el asalto al Capitolio del 6 de enero. En ambos casos la Cámara aprobó los artículos de acusación, pero el Senado no alcanzó la mayoría de dos tercios necesaria para condenarlo. En el segundo proceso, además, el juicio se celebró después de que Trump hubiera abandonado la presidencia. Por tanto, una eventual tercera acusación política no supondría automáticamente su destitución. Sí podría convertirse en un nuevo foco de confrontación institucional y desgaste político, aunque sus consecuencias dependerían de las pruebas aportadas, los eventuales apoyos parlamentarios de algunos senadores republicanos y la estrategia que finalmente adoptasen los demócratas.

En definitiva, los resultados de estas elecciones pueden convertir los dos últimos años de Trump en una etapa especialmente complicada. La nueva mayoría demócrata no podrá sustituirlo en la Casa Blanca ni anular por sí sola sus competencias ejecutivas, pero sí limitar considerablemente su margen de maniobra. A los demócratas les basta con conseguir que mantener su agenda le resulte a Trump mucho más difícil, costoso y políticamente incómodo. 

viernes, 30 de octubre de 2026

La tragedia ferroviaria de Urda: reacciones, señalización y contexto de responsabilidad

El accidente ferroviario de Urda (Toledo) acaecido esta semana el 28 de octubre
es el segundo más grave de la alta velocidad española en el siglo XXI, solo por detrás del de Angrois (Santiago) de 2013 y el segundo en menos de un año tras el de Adamuz (Córdoba) de enero. Sobre este último hablamos en este mismo blog en el artículo de este enlace. Pero el contexto en el que necesariamente ha de situarse esta nueva tragedia va más allá. Estamos hablando de que en este 2026 España se colocaba a la cabeza de víctimas mortales en tren en todo el mundo con 115 y acumulando el 72% de las muertes en el AVE. Así que no estamos hablando de un problema puntual, sino una desgracia que ha de tener reacciones y no sólo de exigencia de responsabilidades eventuales sino intervenciones activas para que esto no vuelva a suceder. Valga ante todo, al igual que hace diez meses, mi pésame a todas las familias que han perdido sus seres queridos y mis ánimos y fuerzas a los que los tienen hospitalizados o incluso desaparecidos sin tener noticias a fecha de hoy. Así que en el artículo de hoy voy a comentar lo que se sabe a día de hoy 30 de octubre de esta catástrofe, las reacciones y declaraciones del Gobierno y oposición, valoraciones de expertos, aportaciones de creadores de contenido y por último una reflexión sobre los problemas de mantenimiento. Por supuesto, no pueden establecerse conclusiones, pero sí ciertas consideraciones a la luz de que lo que sabemos.

Lo que se sabe

El pasado miércoles, cerca de las 9 de la mañana y en el punto kilométrico 118 de la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla (término de Los Yébenes, proximidades de Urda en la provincia de Toledo), un AVE de Renfe con salida de Atocha a las 8 y con 397 pasajeros embistió por detrás a un tren Iryo - en el mismo sentido hacia Sevilla - con 147 pasajeros y que permanecía parado. Como consecuencia de ello, varios vagones descarrilaron y algunos cayeron por un terraplén. El balance oficial establecido ese mismo día fue de 68 fallecidos (44 del Iryo y 24 del AVE según el Gobierno de Castilla-La Mancha). Ayer falleció otro más. Por otra parte, se asistió a más de un centenar de heridos con 53 hospitalizaciones en Castilla La Mancha y Madrid y 15 de ellos en estado crítico según la Comisión de investigación de accidentes ferroviarios. También se registraron 60 denuncias de desaparición. Evidentemente, la circulación en la línea quedó interrumpida por pruebas judiciales, reparación de la infraestructura y auditoría y reestablecimiento de los sistemas de seguridad.

Versión oficial del Gobierno

La cronología básica según las autoridades gubernamentales es que a las 8:30 se produjo una caída del sistema informático de seguridad LZB - que es el control automático de velocidad de distancia- en un tramo de 63 kilómetros. De esa manera, hasta seis trenes se detuvieron automáticamente. Pues bien, en ese momento lo que en teoría sucede es que se activa el ASFA digital. Consiste en unas balizas magnéticas en el suelo comprueban que el tren respeta las señales y si pasa alguna roja sin permiso lo frena automáticamente. La excepción es que se autorice pero ante todo sólo mide la velocidad, no los obstáculos. Minutos después, el centro de control de ADIF en Atocha autorizó al AVE a reanudar la marcha al amparo del sistema BSL (bloqueo de señalización lateral) que es el sistema de respaldo. Así que el AVE recorrió hasta 25 kilómetros a 200 km/h con tan mala fortuna que colisionó contra el Yrio parado y que había comunicado problemas para reiniciar el sistema LZB. 

El ministro de Transportes, Óscar Puente, calificó el accidente de “inverosímil” y atribuyó la causa principal a una decisión “inexplicable” y “errónea” del centro de control de ADIF: autorizar la reanudación a “marcha normal” en lugar de “marcha a la vista” (velocidad reducida, máximo 40 km/h, que permite frenar ante obstáculos). Según él, el sistema mostraba en rojo la ocupación de la vía por el Iryo. Pedro Sánchez decretó tres días de luto oficial, se desplazó al lugar, admitió que no era asumible dos accidentes de tamaño calado en menos de un año y afirmó que “si ha habido negligencias se sabrá” actuando en tal caso con contundencia. Pese a estas palabras, Puente descartó dimitir y centró el foco (al igual que el máximo mandatario) en esclarecer los hechos, pero al mismo tiempo reduciendo a "error humano" el factor esencial de causalidad sobre lo acontecido. Les faltó añadir la famosa excusa de Dallas Review.

Existen dos contradicciones muy significativas. La primera y más importante es que el Gobierno señala que se le había dado autorización para reanudar la marcha a través de unos audios (presuntamente filtrados a la prensa) mientras que la compañía lo desmiente y tampoco se justifica que no se activase el ASFA. La segunda es que la empresa fija las 8:48 como momento de colisión cuando el Ministerio las 8:53.

Valoraciones de expertos

Varios expertos ferroviarios entrevistados por los medios de comunicación coinciden en que un simple error humano no debería bastar para provocar un choque por alcance en una línea de alta velocidad. Ricardo Díaz, ingeniero ferroviario, sostuvo en La Sexta que “un error humano por sí solo no puede provocar una tragedia así”. Apuntó a una falta de mantenimiento de los sistemas de seguridad y defendió que los mecanismos de respaldo (como los detectores de ocupación de cantones) deberían haber impedido la colisión. Así que propuso un “reseteo” de la alta velocidad española. José María Pérez Revenga, perito judicial, explicó que, al caer el LZB, el protocolo obliga a pasar a señalización lateral y a ordenar “marcha a la vista”, por lo que consideró posible un despiste del maquinista o del operador del centro de control. Ahora bien, subrayó que el LZB es ya un sistema obsoleto y que, en cambio, el estado físico de la vía era impecable. José Trigueros, presidente de la Asociación de Ingenieros de Caminos, fue más contundente: “no deben circular sin la total garantía de seguridad” y criticó que protocolos críticos dependan de una sola persona. Antonio Martín Carrillo, ingeniero y ex directivo de ADIF, por su parte, expresó en TVE “incredulidad” y afirmó que “es imposible que ocurra lo que ha ocurrido” si el LZB estuviera funcionando correctamente, dado que el sistema debería haber detenido automáticamente a todos los trenes de la zona. Así que en conjunto estas opiniones apuntan a una combinación de obsolescencia tecnológica, posibles fallos en el mantenimiento de los sistemas de protección y vulnerabilidades en los protocolos de gestión, más que a un problema exclusivo de infraestructuras.

Reacciones de la oposición

Feijoo se declaró consternado y ante todo pidió respeto a víctimas y familiares. No obstante, añadió que el dolor no le obligaría a callar y que la serenidad no equivalía a silencio. En ese sentido, exigió una investigación gubernamental inmediata y otra judicial con todos los medios y sin interferencias, reclamó que España sepa "qué está pasando con las infraestructuras", el estado de las vías y sistemas de seguridad, así como qué advertencias y medidas se tomaron tras Adamuz. También exigió una revisión completa e independiente de toda la red ferroviaria y que se rinda cuentas por la diferencia ejecutada frente a lo anunciado, para finalmente anunciar la suspensión de actos de precampaña. Además, a esto se unió que la ex Ministra Fátima Báñez se confirmó como una de las fallecidas ayer jueves.

Santiago Abascal de Vox fue mucho mas contundente y directo en su primera declaración. No suspendió actos de precampaña aludiendo a que "quieren aprovechar el luto para amordazarnos" y acusó al Gobierno de ser una "banda criminal" que había descuidado las instituciones y buscaba de nuevo un chivo expiatorio para excusar su responsabilidad. Así que señaló directamente al ministro de Transportes Óscar Puente llamándolo "ministro de la muerte" y al Presidente Sánchez como responsables. Esta agresividad oral dió paso a una acción directa como denunciar al primero ante el Tribunal Supremo por presunto homicidio imprudente.

En cuanto a Frente Amplio, exigió que se asuman responsabilidad políticas más allá de las técnicas así como máxima claridad y transparencia mediante una auditoría independiente. Consideran inadmisible la reiteración de un accidente tan grave en menos de un año y cancelaron su agenda de campaña hasta nuevo aviso. Así que, pese a hacerlo desde otro lado del espectro ideológico, coincidieron en buena parte con el fondo de la declaración del PP.

Creadores de contenido

También podemos echar un vistazo a varios comentaristas y creadores de contenido online a los que sigo y comparto plenamente sus impresiones en este asunto. Así, el canal VisualPolitik puso énfasis en la prioridad presupuestaria de inaugurar líneas frente a mantener y modernizar las existentes. Y eso es algo imputable tanto a PP como a PSOE durante este siglo XXI, la parafernalia de cortar cintas y presentar grandes proyectos como el AVE porque da rédito mediático y electoral. Por el contrario, el menos visible, más costoso a largo plazo y menos "fotogénico" es el mantenimiento. Así que mientras el tráfico de viajeros ha crecido de forma exponencial, la inversión en conservación no ha acompañado al mismo ritmo. Así, argumentan que España gasta claramente por debajo de la media europea y el resultado es una infraestructura cada vez más tensionada.

Esa misma línea de centrarse más en lo estructural que lo técnico es la seguida por Memorias de Pez. Enfatiza el descenso de inversión en en infraestructura ferroviaria de Alta Velocidad a menos de 2.000 millones anuales entre 2013 y 2023 (salvo 2014), incluyendo tanto nuevas como reformas. Y a eso añadimos que los datos de ADIF (fuente de esta información) no tienen en cuenta el efecto de la inflación y especialmente de la de los costes de ingeniería civil. También señala Borja Fernández la complejidad de destinar más dinero con exigencias en pensiones o defensa, por no hablar del bloqueo presupuestario en los últimos años. Aún así, se han recibido fondos europeos. Dos accidentes mortales en diez meses, como concluye, exigen responsabilidades políticas y no solo técnicas.

Por su parte, Fonseca destaca el contraste entre la duplicación del tráfico de pasajeros tras la liberalización y el mencionado déficit crónico de inversión real en mantenimiento en varios tramos de una red de más tres décadas de antigüedad. Así que afirma que el relato ministerial del “mejor momento de la historia del ferrocarril” se ha derrumbado.

En un lado más crítico está Begoña Gerpe. Coincide con la visión de Vox en el sentido de que el Gobierno prefiere centralizar la investigación en una "cabeza de turco" repitiendo el mismo patrón percibido por muchos en Adamuz, que es señalar un error humano individual para evitar responsabilidades estructurales. Más duros son Juan Ramón Rallo y Juan Soto Ivars. El primero conecta ambos accidentes de este año como síntomas de una negligente gestión de la infraestructura y cuestiona abiertamente hasta cuándo se tolerará que nadie asuma responsabilidades políticas en fallos de mantenimiento, sistemas de seguridad e inversión pública no ejecutada. El segundo reaccionó al comunicado de Pedro Sánchez comentando su sensación de que el equipo de Moncloa trabajaba para "generar, seleccionar, cribar y pulir" un relato. Considera que la mala gestión previa permitió que se alinearan los elementos para una nueva catástrofe.

Problemas clave en el sistema de señalización

Existen críticas generales sobre la señalización en la red de alta velocidad española y especialmente en la línea Madrid-Sevilla. Primero está el riesgo de obsolescencia del sistema LZB. Es un sistema alemán ya antiguo y que se instaló en 1970 mientras que la línea se inauguró en 1992 coincidiendo con la Expo, siendo el único corredor que a día de hoy lo mantiene. Técnicos y operadores lo describen como seguro pero antiguo. Esa antigüedad es problemática en el momento en que conecta con otra dificultad como los problemas de mantenimiento y repuestos. Hasta el propio Ministerio admite que está al final de la vida útil, ya no se fabrica y complica el mantenimiento y disponibilidad de repuestos. A eso se suma un brutal déficit de inversión ya mencionado. Por si fuera poco, los maquinistas ya habían comunicado fallos de señalización en dicha línea como pérdidas de transmisión y bloqueos del sistema e incluso operadores como Iryo y Ouigo señalaron en comisiones parlamentarias que la sustitución mejoraría la fiabilidad y calidad del servicio. En tercer lugar, los retrasos en la implantación del ERTMS para unificar la señalización con Europa. ADIF demoró dos veces el contrato por errores en los pliegos y por incidencias en evaluaciones de ofertas que les movieron a modificar las cláusulas y abaratar costes, cuando debían de haber finalizado los trabajos en 2024. A fecha de 2026 sigue sin materializarse, con el contrato antiguo prorrogado al precisar la transición completa de todavía más pruebas. Finalmente (y conectado al anterior) los problemas de interoperabilidad y saturación. Al no ser el LZB plenamente compatible con el estándar europeo, ha dificultado la entrada y homologación de nuevos operadores. Además, con la liberalización del sector la línea ha pasado de tener mucha menos circulación a soportar una mayor presión sobre un sistema muy antiguo. A tal respecto, algunos sectores de la izquierda como en el mismo Ministerio prefieren apuntar el cañón al propio proceso de liberalización en lugar de reconocer los errores de la gestión pública. Gestión que no hay que olvidar que es, desde hace 8 años, suya. Aquí ya no cabe resquicio para echarle los muertos (con perdón) a las autonomías.

Consideraciones provisionales

Queda pendiente determinar qué orden se dio desde el centro de control y qué grado real de supervisión se ejecutó por el mismo, así como porqué el Iryo no pudo reiniciar el sistema, los fallos del ASFA digital y las conclusiones que puedan extraerse de las cajas negras y las investigaciones sobre el terreno. Así que con estos puntos abiertos aún no pueden extraerse conclusiones definitivas. Sin embargo, todo esto no obsta para valorar las críticas fundamentadas a la necesaria actualización de nuestro sistema ferroviario que debería ser (y ahora más que nunca) una prioridad absoluta para el próximo Gobierno que surja de las urnas y posterior investidura.

De igual modo, tampoco impide que después de coincidir dentro del mismo año semejantes catástrofes y cada una por circunstancias diferentes sea imperativo exigir las responsabilidades pertinentes. No se trata ya de que pudiera haberse cometido algún eventual fallo humano, sino que asistiríamos a una cadena de acontecimientos que ha desembocado en tragedias. Lo primero es que estamos hablando de una situación previa de avisos tanto en un desastre como en otro: en el de Adamuz sobre el mantenimiento de las vías y en el presente de Urda sobre el riesgo de inestabilidad del sistema. Lo segundo es el contexto de máxima recaudación tributaria histórica y mínimos de inversión ferroviaria. ¿Dónde está la calidad de nuestros servicios públicos de transporte? 

Por todo lo comentado, entiendo que no se puede reducir todo a la mala suerte o a errores puntuales. Y muy especialmente cuando asistimos a contradicciones en las versiones oficiales. Así que francamente y después del aún incompleto desarrollo de las investigaciones de Adamuz todavía no entiendo qué hace aún Óscar Puente al frente del Ministerio de Transportes. Sí, el mismo que dijo aquello de "yo no soldé el carril".

**Actualización: la dimisión de Óscar Puente**

Seis días después del accidente, Óscar Puente anunció su dimisión como Ministro de Transportes el 3 de noviembre y durante su comparecencia ante la Diputación Permanente del Congreso, renunciando también a encabezar la candidatura del PSOE por Valladolid. El ministro declaró que había tomado la decisión el mismo día de la tragedia y justificó su salida señalando que un responsable de Transportes no puede continuar en el cargo después de dos accidentes de esta gravedad en menos de un año.

La dimisión supone asumir una responsabilidad que no podía seguir eludiéndose, pero llega después de varios días en los que el ministro había descartado públicamente esa posibilidad. Cabe preguntarse si fue el propio Pedro Sánchez quien estuvo disuadiéndole de dimitir inicialmente y si el deterioro de las expectativas electorales terminó convenciendo a Moncloa de que mantenerlo en el cargo tenía un coste político demasiado elevado. No sería la primera vez que los giros de este Gobierno parecen responder más a las necesidades de supervivencia política que a una asunción temprana de responsabilidades.

Con todo, su salida no puede cerrar el debate ni sustituir las explicaciones que todavía se deben a las víctimas y a los ciudadanos. La responsabilidad política no termina con la salida de un ministro. Deben esclarecerse también las decisiones de gestión, las deficiencias de mantenimiento, los retrasos en la modernización ferroviaria y el funcionamiento de los protocolos de seguridad. Dimite el ministro, pero las preguntas sobre la gestión del sistema ferroviario bajo los socialistas siguen abiertas.

miércoles, 28 de octubre de 2026

Políticas climáticas: cuando las soluciones generan nuevos problemas

Otro de los temas de política pública en los que existen discursos más dispares, aparte del de la Vivienda, es el Medio ambiente y especialmente la lucha contra el cambio climático y la transición ecológica. Existe consenso internacional en promover el desarrollo de un modelo productivo y energético respetuoso con el Medio ambiente, que no agote los recursos naturales y que contribuya a la mitigación de emisiones de gases de efecto invernadero (en adelante GEI). Sin embargo, cambiar el sistema es algo que requiere tiempo y los gobiernos cambian más rápido, pudiendo tomar direcciones distintas. Además, la política energética puede adoptar medidas contradictorias y generar nuevas externalidades que perjudiquen otros bienes u objetivos. Así que analizaré varias de esas fallas y exploraré las propuestas de los partidos más relevantes que concurrirán a las Elecciones Generales del 29-N. Aún no disponemos de programas electorales al completo, pero sí conocemos lo que han ido defendiendo en las de 2023 y Europeas de 2024.

Regresividad fiscal

El establecimiento de tipos impositivos verdes que modifican los impuestos especiales de hidrocarburos y electricidad más el Impuesto del Valor Añadido presentan externalidades regresivas. Así, en el caso del diésel, cuando el Gobierno de España planteó la equiparación de impuestos del combustible, el impacto no es en realidad neutro. Esto puede verse según datos del INE que señala que los hogares españoles asumieron en 2024 más del 40% de la recaudación por impuestos ambientales. También indica que pagaron el 72,4 % de los impuestos sobre el transporte y el 39,7 % de los impuestos sobre la energía. Por su parte, la OCDE ha hallado que los efectos distributivos de los precios de carbono suelen ser regresivos en países desarrollados. Por ejemplo, en Francia, la Contribution Climat Énergie se introdujo en 2014 en el país galo y fue incrementado hasta que en 2018 con la crisis de los chalecos amarillos pasó a congelarse. Y es que la carga adicional estimada sobre la renta del 10% más pobre resultó ser tres veces superior a la del 10% más rico. La OCDE relaciona este efecto con la mayor dependencia de los hogares de menores ingresos respecto de consumos intensivos en emisiones, de manera que destinan un porcentaje mucho mayor de su sueldo en necesidades básicas como calefacción, electricidad y gasolina o diésel para ir a trabajar. Así que podemos imaginar que los impuestos en la factura de la luz y el combustible merman la capacidad de ahorro de clases medias y bajas de forma desproporcionada.

Para compensarse, la OCDE entiende que deben efectuarse transferencias o devoluciones como deducciones tributarias. En España existen deducciones del 20%, 40% y 60% según se hagan obras en casa, así como por la compra e instalación de paneles solares fotovoltaicos y térmicos y por adquisición de vehículos eléctricos o híbridos enchufables y por instalación de puntos de recarga. Sin embargo, puede haber más alternativas a encarecer el producto en el supermercado o en la gasolinera. En el IRPF, una alternativa teórica sería incorporar criterios relacionados con la huella de carbono al sistema tributario, de manera que la carga no recayera exclusivamente sobre el consumo de energía y combustible, sino que tuviera en cuenta también la capacidad económica y los patrones de consumo más contaminantes. Las rentas altas podrían asumir una mayor parte del coste, mientras que las bajas quedarían exentas o recibirían compensaciones. No obstante, trasladar esta idea a un sistema real plantearía importantes dificultades: habría que definir cómo calcular las emisiones atribuibles a cada contribuyente, garantizar la protección de datos y evitar errores, fraude e impugnaciones. La complejidad administrativa y tecnológica podría terminar siendo desproporcionada respecto a sus beneficios. Otra posibilidad sería reformar la fiscalidad indirecta del IVA para penalizar determinados consumos de lujo especialmente contaminantes y reducir la carga sobre bienes de primera necesidad. Esto podría traducirse, por ejemplo, en una tributación mayor de determinados servicios de aviación privada o vehículos de lujo muy contaminantes, frente a tipos reducidos para productos básicos y alternativas de menor impacto ambiental. Una reforma de este tipo exigiría, no obstante, estudiar su encaje en la normativa europea y evitar que la nueva clasificación generase distorsiones o dificultades de aplicación. Finalmente, las ayudas públicas deberían evitar importes fijos iguales para todos y modularse según el nivel de ingresos y la capacidad económica del beneficiario.

La trampa de la falta de alternativas

Subir las tasas al transporte para reducir emisiones choca frontalmente con la realidad del país. La Ley 7/2021, de 20 de mayo, de Cambio Climático y Transición Energética obligó a todos los municipios de más de 50.000 habitantes a establecer zonas de bajas emisiones. Esto ha llevado a los ayuntamientos a establecer restricciones de circulación para determinados vehículos contaminantes, cuyo alcance depende de la ordenanza municipal y de las características de cada zona. Pero existen varios problemas. Primero, choca con la España vaciada en elementos como la desigualdad entre municipios, la disponibilidad real de transporte público y el coste de renovar el vehículo. En tal contexto, algunas familias trabajadoras de la periferia o de entornos rurales que acuden a trabajar a las capitales no tienen una red de trenes de Cercanías o autobuses interurbanos eficaz. Segundo, golpea también en una coyuntura actual cada vez más estructural, que es el progresivo encarecimiento de la vivienda y especialmente en las áreas más urbanizadas. En esa situación, muchos han optado por trasladarse no ya a pueblos sino a municipios periféricos y provincias limítrofes a las grandes áreas metropolitanas. Tercero, como el transporte público no cubre rutas de forma competitiva y ayudas estatales como el Plan Moves III no adelantan el dinero de los coches eléctricos, el ciudadano se encontraría en una encrucijada: o se arriesga a una multa mientras va a trabajar o asume un riesgo difícilmente asumible para cambiar de vehículo.

Así que subir impuestos para encarecer lo contaminante sólo funciona si el ciudadano tiene una opción "limpia" a su alcance. En muchas regiones y sobre todo en las rurales y periféricas, no existe transporte público eficiente y los vehículos eléctricos siguen siendo demasiado caros para la clase media y baja. Un trabajador que viva en un municipio pequeño, no se pueda permitir un alquiler en la gran ciudad y necesite recorrer 40 kilómetros diarios en su vehículo será quien pueda sufrir mayor impacto. De esa manera, la política climática impositiva no tendría el mismo efecto sobre un habitante del centro de Madrid que se pueda mover por transporte público que alguien que viva en una zona rural. Y ya no digamos de otros aspectos como rehabilitación energética de viviendas e infraestructuras de recargas. Así que el impuesto tampoco cambiaría el comportamiento del ciudadano porque no tendría otra opción, sino que lo empobrecería y la medida degeneraría en puramente recaudatoria y no ecológica. 

La normativa europea estableció para 2035 un objetivo de reducción del 100% de las emisiones de CO₂ de los coches y furgonetas nuevos, lo que afecta a su comercialización y no todos los Estados miembros están convencidos de esta fecha. No obstante, la Comisión presentó en diciembre de 2025 una propuesta de flexibilización que permitiría a los fabricantes alcanzar una reducción del 90% de las emisiones de escape y compensar el resto por determinadas vías. Por su parte, a lo que apunta el Gobierno de España es a acelerar dichos hitos.

Fuga de carbono

España cuenta con una industria pesada e intensiva en energía pero muy localizada en comunidades como Asturias, País Vasco, Galicia o Comunidad Valenciana. El encarecimiento de los derechos de emisión de CO2 en Europa representa un desafío por la llamada "fuga de carbono". Ésta es definida por la Comisión Europea como el traslado de emisiones de unos países a otros como consecuencia de políticas climáticas y reconoce que el riesgo es significativo en industrias del sector energético, por ser un sector más expuesto a la competencia internacional. Sucede también con materiales de construcción (cemento, hierro y acero) y fertilizantes. Cuando un país o región adopta leyes climáticas e impuestos muy estrictos, la producción industrial puede llegar a desplazarse en el sentido de que las fábricas se muden a países extracomunitarios en Asia o en América Latina con normativas ambientales más laxas o sin impuestos en carbono. Consecuentemente, el planeta seguiría recibiendo la misma cantidad de emisiones debido al transporte intercontinental, pero aquéllos países que implementaron el impuesto se arriesgarían a perder empleos y competitividad económica.

La solución que articula la UE y con los objetivos de defender la producción y el empleo industrial es el Mecanismo de ajuste en frontera por carbono (CBAM). Esta herramienta pretende que determinados productos importados (cemento, hierro, acero, aluminio, fertilizantes, electricidad e hidrógeno) soporten un coste de carbono comparable al de la producción europea. Su límite de exención son 50 toneladas de los bienes cubiertos importados por comprador y año. Por lo tanto, es una medida que puede proteger la competitividad de la industria de la UE igualando precios frente a productores sometidos a exigencias climáticas menores, si bien genera costes administrativos y no cubre todas las cadenas de valor. También desincentiva importar materiales baratos en países donde las leyes climáticas sean más laxas, del mismo modo que incentiva la descarbonización de los productores extracomunitarios. En el lado negativo, no proporciona compensación de las exportaciones, no se aplica de forma general a todos los bienes manufacturados que incorporan acero o aluminio (como vehículos) y es una limitación relevante. Un posible efecto sería el riesgo de que podrían incentivarse su importación frente a materias primas perjudicando a las fábricas y sectores agrícolas y de construcción ven encarecerse fertilizantes y aluminios restándoles competitividad.

El mercado de carbono y las emisiones "compensadas"

Los mecanismos de compensación del carbono se han consolidado en las estrategias institucionales y corporativas, partiendo del Protocolo de Kyoto de 1997 mediante el mecanismo de desarrollo limpio y el artículo 6 del Acuerdo de París de la ONU. Con arreglo al principio de adicionalidad, las reducciones o absorciones de GEI sólo se considerarán válidas si se acreditase que no hubiesen sido posibles de no ser por el incentivo aportado por la venta de créditos de carbono. Por tanto, si el proyecto se iba a hacer de todos modos (por ejemplo, un parque eólico), no existiría un beneficio "adicional" para el clima. Así que se hace referencia a la viabilidad financiera, la voluntariedad de la actividad y en zonas sin amenaza real de deforestación. La sobreacreditación tiene lugar cuando un proyecto se calcula mal y obtiene más créditos de lo que realmente merece. Se suele dar en la protección de bosques y con la tentativa de que los promotores exageren la amenaza de incendios o talas. En cuanto a la verificación, es el proceso de auditoría que consiste en comprobar, mediante procedimientos y entidades independientes conforme al estándar aplicable, que las reducciones o absorciones declaradas cumplen los criterios exigidos. Sin embargo, no está exenta de posibles conflictos de intereses, dado que el desarrollador del proyecto de carbono suele ser quien contrata y paga a la empresa auditora pudiendo relevarla si fuese demasiado estricta. También tiene el inconveniente de que los madereros pueden moverse de parcela a seguir cortando árboles o incluso que un bosque certificado puede quemarse o sufrir plagas de un año a otro, contaminando la atmósfera pero con los créditos ya vendidos y gastados. Un tercer problema es la doble contabilidad en el país y en la empresa. El resultado de todo esto es el greenwashing, de manera que la empresa obtiene un beneficio publicitario real pero para el medio ambiente es nulo o incluso negativo. 

Existen investigaciones bastante contundentes. Un estudio publicado en Nature Communications en 2024 analizó los créditos utilizados por 20 grandes empresas entre 2020 y 2023. Encontró que el 87% presentaba un riesgo elevado de no proporcionar reducciones de emisiones reales y adicionales, es decir, de no producir el beneficio climático declarado. Además, el 97% de las compensaciones correspondía a proyectos de evitación (como la deforestación) en lugar de eliminación tecnológica o física de carbono y el 65% de los créditos procedía de proyectos muy antiguos que reducen drásticamente su impacto en la crisis climática. Otro estudio publicado en 2024 en Nature Sustainability por la Universidad de Berkeley de California encontró un problema en un estudio sobre proyectos de cocinas mejoradas en países en desarrollo. Los investigadores descubrieron que emitieron, en promedio, 9,2 veces más créditos de carbono que los que realmente les correspondían según las reducciones reales de emisiones. Por lo tanto, se asistió a un problema de sobreacreditación muy elevado en dicha muestra. Este desfase se habría debido a metodologías defectuosas que pueden subestimar el uso continuado de combustibles y sobrestimar el impacto de la recolección de leña en la degradación forestal. Para corregir estas deficiencias, el marco internacional ha ido evolucionando hacia mayores exigencias de rigor y transparencia para certificar estándares y créditos con alta integridad científica. En la UE se adoptaron diversas Directivas como la del Empoderamiento de consumidores para la transición ecológica (que evita diagnóstico de impacto basado exclusivamente en esquemas de compensación de emisiones) y el Marco de Certificación de la UE para la eliminación de Carbono (que establece criterios estrictos de calidad para certificar absorciones y reducción de emisiones reales garantizando transparencia). Actualmente sigue pendiente de tramitación la  Directiva de Alegaciones Ecológicas, que exige que cualquier declaración ambiental se respalde por metodologías científicas rigurosas y verificadas por terceros independientes).

Subsidios contradictorios y burocracia en ayudas públicas

A pesar del discurso pro-renovables, los subsidios a los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) siguen aún en cifras enormes por razones de estabilidad económica. El FMI calcula que en 2024 los combustibles fósiles recibieron aproximadamente 725.000 millones de dólares en subsidios explícitos. Esta inyección directa de dinero público, que implica un coste fiscal directo, busca abaratar los precios de suministro para los consumidores, pero representa solo la punta del iceberg de las ayudas totales al sector. De otra parte y diferenciadas, se hallan las subvenciones indirectas que incluyen los costes ambientales y otras externalidades que no están incorporados en los precios y que suponen 6,7 billones de dólares, lo que representa aproximadamente el 5,8 % del PIB mundial. A menor escala se percibe esto en España. Durante las recientes crisis energéticas, el Gobierno ha recurrido a la bonificación directa de los carburantes (como el famoso descuento de los 20 céntimos por litro) y reducciones fiscales temporales en el gas natural y el diésel profesional para transportistas y agricultores. Todo esto conduce a una tensión entre objetivos climáticos y medidas de emergencia destinadas a proteger a consumidores y empresas. Destaca el que mientras que los Presupuestos Generales invierten millones de euros en la descarbonización, simultáneamente se destina mucho más a abaratar temporalmente el combustible fósil para evitar que la cadena de suministro colapse y se controle el descontento social.

Por otra parte, el acceso a los fondos verdes en España suele adolecer de una excesiva complejidad administrativa. El ejemplo más claro de laberinto de ayudas es la rehabilitación energética de edificios o la instalación de paneles solares mediante los fondos europeos Next Generation. Los propietarios se quejan de que las subvenciones tardan meses o años en cobrarse, pero también que los trámites burocráticos son tan complejos que muchas comunidades de vecinos desisten de pedirlas en barrios obreros. Por el contrario, en sitios de rentas altas que puedan contratar asesorías o adelantar dinero sí podría percibirse un riesgo distributivo. Así que con proyectos técnicos complejos, certificados de eficiencia energética previos y posteriores y un papeleo fiscal que requiere casi obligatoriamente la contratación de un "agente rehabilitador" se generan importantes cuellos de botella administrativos. Y eso sin contar que lograr consensos en comunidades grandes es otro factor de ralentización.

Qué proponen los partidos

Una vez expuestas las externalidades y contradicciones existentes en las políticas contra el cambio climático, vamos a explorar lo que hasta el momento han propuesto las principales cuatro fuerzas políticas que acudirán a las Elecciones Generales del próximo 29 de noviembre.

En la izquierda. El PSOE defiende la transición energética apostando plenamente en las renovables y por la recaudación de un impuesto al CO2 con el objetivo de destinarlo a un fondo de eficiencia energética, movilidad sostenible y apoyo social. A este último respecto, presentó en mayo un Plan Social para el Clima de más de 9.000 millones de euros destinados a hogares vulnerables y a la descarbonización de la movilidad. Las actuaciones previstas llegarían hasta 2032, pero a día de hoy aún no ha finalizado su tramitación. Pero resulta especialmente contradictorio que los criterios de acceso a las ayudas no se adapten a la evolución de las rentas. Un ejemplo es el de pensionistas con ingresos muy reducidos que pueden perder el bono social eléctrico tras una subida de su pensión si superan el umbral aplicable. Una mejora nominal de ingresos se traduciría en la pérdida de una ayuda esencial, por lo que una transición justa exigiría revisar estos efectos. Por lo demás, queda claro que los socialistas apuestan por más recaudación impositiva y sin incidir lo más mínimo en los puntos reseñados. En cuanto a Sumar (ahora Frente Amplio), propuso profundizar en la transición ecológica y en la descarbonización mediante inversión pública, industria verde y renovables para que llegue a todos los territorios incluyendo los rurales. Ello se financiaría con más subidas de impuestos a grandes empresas, bienes y servicios de altas emisiones y tasas al plástico, mientras que para evitar la "fuga de carbono" introducirían cláusulas antideslocalización para obligar a que se devuelvan ayudas percibidas. En las pasadas Generales de 2023 ya contemplaban una oficina de transición energética justa para agilizar la tramitación de ayudas y un observatorio contra el Greenwashing. Sin embargo, estos dos organismos no se crearon en esta legislatura. En definitiva, FA representaría dentro de la izquierda la orientación a cambiar el statu quo de las políticas climáticas con un enfoque en la "justicia distributiva".

En la derecha. El PP apuesta por el pragmatismo y prefiere una transición ecológica más gradual y menos acelerada que la izquierda buscando evitar costes desproporcionados para empresas y trabajadores así como para la actividad económica general. Concretamente pone el acento en la competitividad económica, los precios de la energía y la neutralidad tecnológica. Para ello, en sus propuestas recientes, plantea proteger a las industrias electrointensivas, ampliar la vida útil de las centrales nucleares, agilizar las compensaciones por fuga de carbono y compatibilizar la descarbonización. A este último respecto, muestran cautela frente a los objetivos comunitarios que consideran poco realistas en tiempo para la industria. Pero es Vox quien plantea una ruptura más clara y radical con los instrumentos climáticos actuales, de manera que su planteamiento es esencialmente desregulatorio. Exigen la derogación de las Leyes de cambio climático y transición energética, así como la ruptura de acuerdos internacionales anteponiendo los intereses del sector primario e industrial español. Su modelo se basa en un cambio de paradigma suprimiendo todos los impuestos verdes en la factura eléctrica y otras tasas ecológicas, eliminar el sistema de derechos de emisión de GEI, recuperar soberanía energética, apostar por la energía nuclear con nuevas plantas, un Plan Nacional de agua que conecte todas las cuencas hidrográficas y aumente las zonas de regadíos y la explotación de recursos nacionales protegiendo el suelo productivo de macroplantas de energía eólica y fotovoltaica. Esto último ya se pudo leer en sus programas autonómicos.

Conclusiones

El mundo ha avanzado mucho pero no parece estar preparado del todo para culminar la transición ecológica. Quizá, en algunos aspectos, haya dado pasos precipitados y en otros los haya hecho lentos, pero una amplia mayoría no sólo de sectores científicos considera que adaptarse es una necesidad irrenunciable tanto en lo económico como social y no sólo medioambiental. Lo cultural es lo que está siendo complicado de adaptar. También es evidente que las cuestiones de debate seguramente sean muchas más de las que hemos hablado como el diseño del sistema energético, pero las dejaremos para otro momento. Dentro de una cuestión enormemente compleja, lo que convendría después de lo expuesto en este artículo, sería estudiar qué se puede proponer desde la política para corregir las mencionadas externalidades y costes colaterales y que el cambio de modelo energético sea lo menos contradictorio posible. Por ello creo que el próximo Gobierno tendrá mucha responsabilidad en ello.

Vistas las propuestas, considero que existe una vía intermedia entre el statu quo de facto que defiende el PSOE - con afán impositivo y ausencia de propuestas para corregir las fallas - y la ruptura de Vox, para el que la política medioambiental ocupa un segundo plano supeditada al plano económico (sector primario e industrial). Frente Amplio pretende amortiguar el impacto sobre las personas vulnerables, pero confía buena parte de la transición a una mayor presión fiscal sobre las empresas y a incentivos y sanciones económicas para acelerar el cambio productivo. El problema es que ese enfoque puede perjudicar la inversión, la competitividad y el empleo, demostrando que los cambios desde la izquierda de los socialistas pueden generar aún más contradicciones.

Por el contrario, el PP opta por una transición más escalonada, defendiendo la continuidad de las centrales nucleares mientras cumplan los requisitos de seguridad y contribuyan a garantizar un suministro estable, junto con el despliegue de las renovables. A este respecto nos referimos en un artículo anterior en relación con las tecnologías que doten de mayor inercia para proveer al sistema energético de más estabilidad. Por todo ello, considero que el modelo del PP es el que más se aproxima a mis convicciones liberales: neutralidad tecnológica, competitividad, costes asumibles y una transición acompasada a las alternativas realmente disponibles. Esto no significa dar carta blanca a sus propuestas ni ignorar sus posibles contradicciones, sino priorizar una política climática que combine objetivos ambientales con realismo económico. La transición energética no puede convertirse en un lujo reservado a quienes pueden pagarla, pero tampoco debería utilizarse como justificación para imponer costes que una parte de la población no tiene capacidad real de evitar.

miércoles, 21 de octubre de 2026

Democracia 21: ¿una alternativa para la política española?

El pasado 10 de octubre se presentó en el espacio Domo 360 de Madrid una nueva formación política de corte centro liberal con el nombre de Democracia 21. Este partido no se ha creado a raíz de la convocatoria anticipada de Elecciones Generales, sino que tiene una historia previa detrás y su presentación estaba programada antes de la noticia del pasado dia 5. Ante la celeridad de los acontecimientos, sólo presentará listas por Madrid y Barcelona y si consigue alcanzar el mínimo de avales requerido para ello, que constituye el 0,1% del censo electoral respectivo al partir de no tener representación. No concurrirá por sí sola porque alcanzó un acuerdo con Ciudadanos y Unión de Ciudadanos Independientes (UCIN) para participar como coalición centrista. Esto sucede en un momento en que este espacio político se encuentra más huérfano que nunca por la deriva personalista, semiautoritaria y manchada de corrupción del Gobierno Sanchista y un populismo de derecha centrado en la explotación de la confrontación. Vamos a dedicar el presente artículo a comentar quién está detrás del proyecto, cómo surgió, las principales propuestas que se han esbozado o comunicado, a qué aspira y qué posibilidades tiene de cara al futuro.

Miriam González, el rostro del proyecto

Miriam González Durántez nació en Olmedo (Valladolid) en 1968. Es titulada en Derecho por la Universidad de Valladolid y Máster en el Colegio de Europa de Brujas. Es profesional abogada especializada en comercio internacional y Derecho de la Unión Europea. Su carrera comenzó en el ámbito europeo, dado que trabajó durante casi una década en la Comisión Europea. Posteriormente desarrolló parte de su actividad profesional en el Reino Unido (incluido un periodo en el Ministerio de Asuntos Exteriores británico) y ejerció en despachos internacionales como DLA Piper y Dechert. También ha formado parte de consejos de administración y órganos asesores de distintas instituciones y empresas. Por otra parte, es fundadora de Inspiring Girls International, una iniciativa destinada a ampliar las expectativas profesionales de niñas y jóvenes y que posteriormente se extendió a numerosos países. En definitiva, en palabras suyas, su aproximación a la política española procede precisamente de esa experiencia profesional y de su preocupación por el funcionamiento de las instituciones. Pero antes de plantearse crear un partido, su apuesta fue actuar desde la sociedad civil. En septiembre González presentó junto a Rubén Amón su libro 'Devuélveme la democracia. Por qué urge una reforma radical en España', donde desarrolla buena parte de su diagnóstico sobre las instituciones españolas y la necesidad de reforzar los controles al poder. Pero veamos primero como empezó todo.

España Mejor: el precedente de Democracia 21

El planteamiento de Miriam cristalizó en España Mejor, una plataforma sin ánimo de lucro fundada con la finalidad de movilizar a la sociedad civil y promover propuestas de políticas públicas. Esta organización se definía como apartidista, diversa y transversal ideológicamente, tratando de reunir a personas procedentes de distintas sensibilidades alrededor de propuestas concretas. Por lo tanto, España Mejor no nació inicialmente como un proyecto electoral, sino que su objetivo era introducir en el debate público propuestas elaboradas desde fuera de los partidos y aprovechar el conocimiento de profesionales y ciudadanos que no desarrollaban su actividad en la política. González explicaba en 2024 que pretendían crear un espacio para que ciudadanos de distintas ideologías pudieran participar en el diseño de políticas públicas.

Entre las iniciativas impulsadas por España Mejor se encuentran la eliminación de los aforamientos como medida de regeneración democrática, una Educación económica básica para los jóvenes, un debate sobre la sostenibilidad del sistema público de pensiones y la equidad intergeneracional, propuestas para transformar el modelo turístico hacia otro más sostenible y beneficioso para los residentes, una política hídrica basada en la despolitización de la gestión, la inversión sostenida y la tecnología punta, una política de vivienda orientada a incrementar la oferta de alquileres con desregulación y liberalización, nueva fiscalidad en la que tengan especial importancia los trabajadores jóvenes emancipados, unas políticas de empleo más orientadas a anticiparse al mercado, racionalizando tiempos y más personalizadas y un código ético de 99 principios dirigido a las administraciones y responsables públicos. En resumen, España Mejor insistió desde el primer momento en cuestiones como los controles al poder, la transparencia, la responsabilidad de los gobernantes y la necesidad de reforzar los mecanismos institucionales. Es decir, justo lo contrario a lo que se ha dedicado el Gobierno Sánchez en muy especialmente esta última legislatura.

El salto a Democracia 21 se produjo después de que González considerase que la vía exclusivamente cívica no lograría que las propuestas fuesen asumidas por los partidos existentes. En 2025 ya hablaba de la creación de una formación política como un "plan B" y en junio de 2026 se registró formalmente Democracia 21 en el Ministerio del Interior. La propia González ha apostado que el nuevo partido pueda incorporar a personas procedentes de fuera de la política profesional, dado que, a su juicio, existe mucho talento fuera de las estructuras políticas tradicionales. 

Qué propone. Pinceladas de su programa electoral

En una entrevista concedida al podcast de El director de David Jiménez en septiembre de 2025, González ya expresaba su preocupación por el deterioro de la confianza institucional debido al clientelismo y la falta de respuesta de las formaciones ante las demandas de regeneración y la necesidad de la reforma de la Administración Pública. Entre sus propuestas ya figuraban reforzar controles sobre los gestores públicos, prevenir conflictos de interés, aumentar la transparencia de nombramientos y exigir responsabilidades por comportamientos que, aún situándose dentro de los márgenes de legalidad, pudieran resultar contrarios a la ética pública. En ese marco hablaron del caso de Begoña Gómez, pero también criticó la Ley de conflictos de interés de la era Rajoy. Lo primero por anticuada, pues salió en 2015 y no cumplía con unos estándares de la OCDE. Así que lo importante para Miriam ya era la prevención y esta crítica se extendía lógicamente al funcionamiento de los partidos y su tendencia a anteponer intereses privados electorales a la búsqueda de soluciones y reformas, mintiendo deliberadamente en sede parlamentaria. Y aquí obviamente el mejor ejemplo era Pedro Sánchez y su entorno, de hecho buena parte de las propuestas de dicho bloque van dirigidas a evitar que sucedan esas cosas.

El viernes 16 se publicó en la web el primer pilar del programa electoral, el de la regeneración política. El problema básico son las redes clientelares. En materia de reducción del aparato político, proponen suprimir los aforamientos, reducir el 90% de asesores políticos, publicar sus CV y salarios, establecer procedimientos basados en mérito y capacidad para puestos de la Administración y empresas públicas y tipificar el enchufismo como delito en el Código Penal. En lucha contra la corrupción, se proponen crear Juzgados especializados en corrupción, institucionalizar una Oficina administrativa anticorrupción con capacidad sancionadora, más recursos para la Fiscalía, controles automatizados de la contratación pública mediante IA, que no prescriban los delitos de corrupción e inhabilitación permanente de los condenados en firme. En independencia institucional, despolitizar el CGPJ para que sean los propios jueces los que designen a los vocales, que el Ministerio Fiscal responda ante el Parlamento y no ante el Presidente, recortar subvenciones a partidos y sindicatos, limitar a dos mandatos todos los cargos públicos y establecer nuevas incompatibilidades para acceder a órganos independientes. En control ciudadano y rendición de cuentas, se importan varias ideas del sistema británico: comparecencia anual del Presidente ante una asamblea ciudadana, obligar a los parlamentarios a rendir cuentas y escuchar a sus votantes cada quince días en sus circunscripciones, sanciones por ausencias parlamentarias y evaluaciones públicas de políticas públicas y su gasto dotando de esta manera de mayor transparencia. Finalmente, en ética política y sistema electoral se introduce el código ético, la reforma de la Ley de conflictos de interés, limitación de mandatos a 2 u 8 años y una reforma electoral para introducir listas abiertas y desbloqueadas.

Los otros dos pilares son modernización (administrativa, educativa, autónomos y servicios públicos) y social (vivienda, inmigración, seguridad, sanidad, familia y cambio climático), que aún no están publicados pero sí nos podemos referir a propuestas comunicadas en la presentación. Sobre Vivienda, apuesta por favorecer un alquiler asequible, entendido porque una persona que gane 1.300 no deba de destinar más de 350-400 euros al mes. Apuesta por impulsar la oferta incrementando el parque público y mediante la cooperación entre sector público y privado. Además, recalcó la importancia de diversificar las fórmulas de arrendamiento y dotar de mayor seguridad jurídica, justo lo contrario a lo que existe hoy día. El problema ya lo apuntaba claramente. Es una política enormemente polarizada e ideologizada en la que los partidos no tienen voluntad de acuerdo en ningún punto sino que priorizan su cálculo político y electoral. Al no ceder en ningún espacio, la ciudadanía queda al margen. En la presentación del partido añadió como propuestas un Plan Nacional de construcción de barrios con acuerdos transversales a diez años para más seguridad jurídica, suprimir todos los impuestos de compra de vivienda para menores de 35 años y destinar 10.000 millones de euros de Fondos Europeos no ejecutados a un fondo de vivienda protegible y asequible. También aboga por simplificar los procedimientos administrativos para acelerar la construcción y reducir los costes derivados de los retrasos.

También habló de que existe una importante brecha generacional con un ascensor social roto salvo herencias particulares. Como sabemos, el sistema protege a las generaciones mayores con subidas de pensiones y ello se traduce en una participación electoral muy alta. En los jóvenes sucede lo contrario, que sienten que el sistema no les escucha cuando se diseñan las políticas públicas ni les proporciona resultados, por lo que su abstención es muy alta. Además, siendo el futuro del país no apuestan por el emprendimiento y muchos se centran en opositar a funcionarios (que no está nada mal, yo soy uno de ellos) pero más por la seguridad y estabilidad laboral que por vocación. Así que a este respecto Miriam apuesta por remover obstáculos y trámites agilizando el acceso empresarial y la movilidad social para los jóvenes, más teniendo en cuenta la malla de administraciones entre Estado, CCAA, diputaciones y Ayuntamientos. Algunas de esas barreras supuestamente se introducen por intereses públicos, pero otras se disfrazan y esconden intereses políticos contradictorios. Así que entiende además que se debe de avanzar en la armonización de normativas. Sobre los jóvenes se podrá preguntar en el evento que mañana tendrá Miriam en la Universidad Carlos III de Madrid.

Otras propuestas son aliviar la presión fiscal, reforma educativa con más flexibilidad en los grados, más prácticas y especial atención a la comprensión lectora y visión positiva de la inmigración como activo pero con claras reglas de entrada, permanencia y salida.

Qué espacio político busca ocupar

Su perfil ideológico, su europeísmo y su relación con el electorado moderado desencantado con los partidos tradicionales lo sitúa en un claro plano de relanzamiento de lo que en su día quiso Ciudadanos y tiempo antes UPyD. En un momento de polarización máxima, con un PSOE cuyo proceso de podemización se ha consolidado en esta última legislatura y un PP que no puede alejarse de Vox como socio prioritario, un proyecto de centro liberal no es descabellado como pueda parecer. No hay que olvidar que se daba por hecho que la ausencia de CS le daría victoria cómoda al PP en 2023 y no fue así. Después de tanto martillearle como "muleta del Sanchismo". Es más, ya hemos hablado por aquí varias veces de que el PP no es capaz ni por voluntad de transformar o cambiar algunas de las políticas del PSOE y viceversa.

Ciudadanos es una fórmula hoy día plenamente agotada como partido político, pero no el espacio al que inicialmente aspiraba. Tras los sucesos de 2019 y 2021 (especialmente los primeros), su credibilidad política cayó por los suelos. Ya no eran sus líderes, sino la propia marca. Así que los sucesivos intentos de "refundación" fueron operaciones infructuosas de lavado y planchado que no sirvieron para nada. Ni los nuevos Estatutos ni las primarias ni nada. Como ya conté en este blog, aunque me salté toda la etapa de crisis y barrena, tras las Europeas de 2024 no merecía la pena seguir y pedí mi desafiliación. Sin embargo, dio la impresión de que muchísima gente había quedado huérfana de voto, entre los que se moverían a la abstención o votarían con la nariz tapada a otras listas. Todos ellos estarían decepcionados con CS pero al mismo tiempo con la política nacional. De igual manera que no es lo mismo ejercer un voto anti-Sánchez que otro propositivo. La gente sin duda merece votar en positivo y es donde Democracia 21 debería de orientar su estrategia. De ahí que "volver a creer" sea un buen lema de punto de partida y que conecta con un escenario de espectacular deterioro de la confianza institucional.

Así que su espacio político es y debe ser el de todas aquéllas personas que no entienden la política como un acto de fichaje el día de las urnas sin más. La desafección no sólo es síntoma de que haya decepcionado la política tradicional, sino también los populismos orientados hacia los extremos que a su vez están creciendo en Europa. El clientelismo que promueve derroche de dinero público, la corrupción, la falsa ética y las promesas vacías son los elementos de la vieja política que los extremos aspiran a transformar en su beneficio y lo han demostrado. Por lo tanto, frente a las concepciones que entienden a la política como una religión de feligreses palmeros, se ha de apostar por propuestas que superen tanto la ideología de culto al líder - que es lo que representa el Sanchismo - como soluciones antisistema basadas en la confrontación continua.

Qué posibilidades tiene de consolidarse

Por el momento, su implantación territorial es inexistente, aunque existen ya interesados de diversos puntos de España. Todos los nuevos partidos comienzan con cero recursos y por tanto han de arrancar con cuotas de afiliados. En su página web se abrieron desde el pasado día 10 con algunos precios reducidos para jubilados, desempleados y jóvenes. Es un coste medio algo mayor que cuando estaba CS, pero hay que tener en cuenta que el partido naranja cobraba subvenciones públicas. Pero su consolidación dependerá de muchos factores. 

El primero concierne a cómo se organice y su capacidad para convertir propuestas en apoyo electoral. Pero en su crecimiento, en su músculo humano, debe de tener especial cuidado. He comparado ya varias veces con experiencias pasadas, pero es que es inevitable. CS fue un ejemplo de lo que no hay que hacer, como impulsarse con miles de personas que no creían ni en el partido ni en su programa. Realmente eran más cercanos al PP, pero valoraban que de primeras no medrarían allí. Así que en su selección de cuadros deberá de tener especial cuidado. No se puede convertir al partido en un submarino de otro, pero tampoco favorecer la heterogeneidad de familias convivientes si no creen en un proyecto básico y de equipo. Porque luego toca posicionarse en temas más controvertidos que los arriba indicados y no todo el mundo está dispuesto a entender que el liberalismo no es exclusivamente económico sino también social y cultural. En tercer lugar, no menos importante será la comunicación. No es sólo realizar declaraciones y entrevistas públicas en medios, sino también manejar correctamente la transmisión de los mensajes sin contradicciones y sin dar pie a manipulaciones y bulos. Porque los rivales de izquierda a derecha fomentarán desinformación interesada. De hecho ya lo están haciendo. Y si me permiten, añadiría una cuarta. No monopolizar su discurso en torno al unionismo y contra el independentismo como hizo CS. Los naranjas creyeron que con exactamente el mismo discurso de Cataluña triunfarían en toda España. Hay que superar esa concepción que agotó también buena parte del relato de centro liberal, porque como sabemos terminó emergiendo un partido que defendía "mejor" a los ojos de los votantes ese españolismo. Y tuvo especial contribución a ello la coalición Socialpodemita seguida de la Socialsumarista por alimentar y visibilizar al extremo contrario con su política igualmente extremista.

La incógnita electoral

De cara al 29-N, Democracia 21 presentará listas en Madrid y Barcelona que son las dos circunscripciones más proporcionales de las 52 que existen. De momento siguen en la captación de firma de avales para poder presentarse en diversos puntos de las ciudades e informando sobre el partido. El pasado martes 14 se oficializó un acuerdo con Ciudadanos y UCIN para presentarse en coalición en dichas provincias y con el nombre "Democracia para el siglo XXI". La oferta política electoral en una y otra es muy competitiva, pero el utilitarismo no debería ser el motivo principal para ejercer el voto. Conviene más votar por lo que uno cree y que responde a sus principios, pese a las voces tan difundidas últimamente en redes sociales que apuntan a lo contrario. Incluso desde los rescoldos de UPyD que parecen el típico/a tóxico/a que no permite que su ex pareja encuentre otra persona en la que confiar. Democracia 21 ha de lidiar sobre todo contra los que creen que viene a dividir el voto, cuando a lo que fundamentalmente aspira es a adquirir visibilidad en provincias donde, o o bien el PP y Vox son ya de por sí minoría (Barcelona) o una mayoría (Madrid). Estamos hablando de lograr más de 90.000 votos de media y la cifra es mucho mayor para los menos votados por culpa de los efectos de la fórmula electoral. Con tampoco tiempo es casi imposible, PERO cosas más raras se han visto como que Alvise obtuviese más de 100.000 votos en la provincia de Madrid en las Europeas de 2024. Y eso sin más programa que su canal de Telegram. Vale que lo antisistema vende y no se puede subestimar la capacidad de movilización del populismo extremo, pero no intentarlo es de cobardes.

El hecho de no concurrir en el resto de España para estas Elecciones es inteligente por dos razones: primera, porque no es el momento aún en su estreno y sobre todo porque ha venido muy inmediata la convocatoria tras su presentación. No hay tiempo para más. Madrid y Barcelona son las plazas en las que más y mejor puede darse a conocer y, ante todo, obtener los avales necesarios para poder presentarse. La segunda es que de esta manera desactiva buena parte de las teorías de la conspiración que entienden que es un "invento del Sanchismo" para desagregar el voto. Alegar la patrimonialización del voto es el mayor absurdo antidemocrático que puede echarse en la cara del votante. Ese acto es el más libre de nuestro sistema porque se puede ejercer o no y, en caso afirmativo, en el sentido que se desee. Así que esa papeleta no es propiedad de nadie más que de nosotros mismos y con acusaciones como las que circulan se hace más necesario ejercer nuestra libertad de voto mal que les pese.