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miércoles, 29 de julio de 2026

Atentado terrorista en Berlín: radicalización, fallas y debates abiertos

Hacía muchísimo tiempo que no hablaba de terrorismo en este blog, pero el reciente atentado producido en Berlín ha tenido la suficiente relevancia como para reseñarlo. Además, esto trajo al recuerdo el atentado cometido hace casi diez años cuando un individuo invadió un mercado navideño con un camión y causó doce muertos. El reciente tuvo lugar en la pasada noche del 25 de julio cuando una furgoneta blanca irrumpió contra una multitud de personas que participaban en los actos del Christopher Street Day en Berlín, lo que equivale en España al Orgullo LGTBi en Berlín. Concretamente fue en la zona del Tiergarten, próxima a la Puerta de Brandenburgo y no tardó en investigarse como un atentado terrorista de motivación islamista. Esta acción dejó una mujer fallecida, una ciudadana polaca de 60 años, y hasta 29 personas heridas. El agresor, identificado como Abdul Ballout, individuo de 21 años de edad, origen libanés y nacionalizado alemán, huyó inicialmente. Sin embargo, fue localizado y abatido tras un enfrentamiento en el que, según las autoridades, amenazó a los agentes con un arma blanca.

Investigaciones

Las autoridades alemanas mantuvieron cautela sobre el móvil del atentado en las primeras horas, pero pronto avanzó la investigación hacia la hipótesis yihadista por varios elementos. Para empezar, el perfil no era ni mucho menos desconocido para la Policía. Así, según la Fiscalía federal alemana, ya era investigado por su relación con círculos islamistas. También figuraba en investigaciones por preparación de actos violentos contra el Estado y por difusión de propaganda yihadista. Además, había intentado incorporarse al Daesh. En un primer intento, en mayo de 2025, viajó hacia Mauritania pasando por Turquía, desplazamiento que los investigadores consideraban parte de su propósito de unirse al grupo yihadista. Meses después fue detenido en Líbano cuando trataba de llegar a Siria. En noviembre fue devuelto a Alemania y detenido en Berlín para seguidamente ser condenado. Sin embargo, la pena de prisión quedó suspendida siendo sometido a medidas alternativas y seguimiento desde mayo de este año 2026. La Policía localizó un vídeo en su teléfono móvil en el que una persona juraba lealtad al Estado islámico. Pese a aparecer con el rostro oculto, los fiscales consideraron que existían suficientes indicios para atribuírselo.

La investigación se ha estado centrando en varios puntos. La primera gran incógnita es si actuó como lobo solitario o si contó con apoyos. Se detectó que se activó el airbag del conductor y del acompañante. Eso no demuestra por sí mismo que hubiera alguien sentado allí, porque depende del modelo de vehículo, pero sí abre una línea de investigación. También aseguraron varios testigos haber visto a un hombre vestido de negro, armado con machete y atacando a varias personas después del atropello como un posible segundo agresor. Hasta la fecha, la Policía ha confirmado que ha detenido a varias personas presuntamente relacionadas y entre ellas a un iraní. Será necesario avanzar en si el terrorista estableció contactos personales, comunicaciones, posibles colaboradores y redes islamistas relacionadas. 

La segunda cuestión es si existieron fallos de prevención. Es el punto más delicado, dado que como se ha indicado el terrorista ya era conocido por los servicios de seguridad, tenía antecedentes e incluso había pasado por prisión preventiva siendo sometido posteriormente a medidas de seguimiento y programas de desradicalización. Todo esto plantea dudas sobre su eficacia. Pero también se cuestiona si los servicios de inteligencia compartieron correctamente la información, si la legislación permite actuar antes de que exista una amenaza inmediata y si aquéllos programas están bien definidos o son insuficientes. Así que esto lleva a plantearse una pregunta más directa: ¿Cómo una persona considerada suficientemente radicalizada como para intentar unirse al Estado Islámico pudo estar libre meses después? El individuo, el año pasado, confesó los hechos. Afirmó haberse desvinculado del Estado Islámico, colaboró con la investigación y aceptó participar en un programa de desradicalización. Pero existen datos especialmente llamativos. El programa todavía estaba en una fase inicial y, según la información publicada, solo había tenido dos entrevistas. Una tercera estaba prevista para la semana siguiente y por lo tanto todavía no había una evaluación definitiva en un proceso que además era voluntario.

La tercera cuestión y no menos relevante, es la significatividad de que se haya producido durante el Orgullo de Berlín, lo que podría añadir una motivación ideológica y homófoba. El canciller Friedrich Merz ha señalado que el objetivo no parecía elegido azarosamente y que apuntaba contra la libertad y la sociedad diversa. A tal respecto, la oportunidad seleccionada para producir una masacre no sería espontánea sino planificada y el objetivo habría sido específicamente el Orgullo por considerar al colectivo LGTBi como incompatible con la interpretación extremista del Islam. A tal respecto, existen regímenes teocráticos en los que no sólo no se defienden los derechos del colectivo sino que se denostan y se persiguen.

Debates abiertos

Entre las repercusiones políticas y sociales, el debate en Alemania gira en torno a varias cuestiones algunas específicas y otras más generales. A nivel particular, se pone en duda si las autoridades disponían de herramientas suficientes para haber impedido al ataque. Pero más en general se plantea el endurecimiento de las medidas contra personas consideradas amenazas islamistas, la revisión de los programas de desradicalización y la gestión de la vigilancia de sospechosos previamente identificados. Así que el debate es tanto jurídico como de seguridad. El Estado de Derecho no permite encarcelar indefinidamente a alguien por una ideología si no existe una conducta delictiva actual, pero también surge la cuestión de si los mecanismos actuales son suficientes cuando hablamos de personas que intentaron unirse a una organización terrorista, consumían propaganda yihadista y podían mantener una radicalización pese a mantener una integración social muy limitada o inexistente. Según datos del Verfassungsschutz de Berlín, existirían unas 2.400 personas vinculadas al entorno islamista, más de 900 consideradas potencialmente violentas y 350 salafistas catalogados como violentos. Realmente, ¿los servicios de seguridad e interior tienen capacidad real para vigilar y controlar a todos los perfiles de riesgo?

A esto se le une un debate más y es lo considerado políticamente incorrecto en un mundo occidental que se presupone abierto y diverso pero en ocasiones muy obsesionado con no ofender a ninguna minoría, pese a que alguna de ellas atente contra otra. Convendría tener en cuenta que, en una sociedad multicultural, realmente no todas las subculturas están dispuestas a respetar los valores y derechos de otras. Consecuentemente, el Estado democrático debe de trabajar para proteger a esas últimas y pararle los pies a las anteriores. Como dice esta editorial de El Mundo, existe la percepción de una creciente parte del colectivo LGTBi de que la inmigración musulmana no integrada socialmente representa una amenaza. Por el contrario, desde la izquierda más autodefinida como progresista, se habría rehuido de criticar a aquélla mostrando una mayor reticencia a abordar este fenómeno por su temor a alimentar discursos xenófobos e incluso por la incomodidad de ser etiquetada como racista. Por el contrario, no parece preocuparle incurrir en contradicciones y considerar que las culturas occidentales son per se opresoras y las demás son oprimidas. Como antecedentes, quedan en la memoria el tiroteo masivo en la discoteca Pulse de Orlando con 48 víctimas y 53 heridos en 2016 y la operación en junio de 2023 que evitó un atentado planeado por yihadistas contra el desfile del Orgullo en Viena. Según estadísticas policiales en Alemania, los datos en Alemania de criminalidad son preocupantes y con cierta sobrerrepresentación de extranjeros en algunos delitos. Así que no debería sorprenderles el crecimiento de la derecha o incluso la extrema derecha (que pone más énfasis en el control de la inmigración y expulsión de los agresores), reflejan que siguen sin percatarse de la incongruencia.

Consideraciones

Berlín y por extensión Europa, se encontraría ante un dilema que no debería de esconderse y es cómo actuar para evitar un atentado cuando el atacante ya había sido identificado como potencial amenaza. Y existen dos factores que necesariamente juegan en el tridente radicalización, límites del Estado de Derecho y programas de desradicalización. Y son la integración social y la gestión de la inmigración y fronteras. De poco puede servir un programa para disuadir al extremista si su integración social es nula ya sea porque el entorno en el que se mueve es favorable a actitudes de odio y comportamientos hostiles. Así que ante todo el problema es estructural, dado que se genera caldo de cultivo cuando una persona, aún pese a obtener la nacionalidad del país en que vive, no se siente perteneciente a él, ya sea porque rechaza la cultura del país en que vive, se siente discriminado o bien dada su desconexión del mundo occidental se presta más a ser controlado o dominado por mafias con intereses más elevados que los suyos.

El caso alemán es relevante porque tanto datos estadísticos como el sentir de una importante parte de la población apunta a que existe un problema con la inmigración. Ya comentamos en un post anterior sobre el declive de líderes europeos que la excesiva manga ancha había generado inseguridad y desconfianza de los ciudadanos alemanes en la política tradicional, confiando cada vez más en AFD. Hay que valorar la posibilidad de que los servicios policiales estuviesen tan desbordados que se optase por programas de reinserción como vías más cercanas a la integración y menos controladoras. Sin embargo, esa laxitud que pudiera estar relacionada con altos niveles de inmigración que amplifican el trabajo tiene escasa justificación si se parte de un escenario de guetos, creciente delincuencia extranjera y antecedentes peligrosos. Así que no sólo habría que replantearse la política "correccional", sino el modelo de integración e incluso el inmigratorio que corre el peligro de asociarse con delincuencia importada a algo más que a los meros ojos de los ciudadanos. Y es que hay casos en que el Estado claramente falla en la integración, pero también hay otros en que su error se comete desde el momento en que sus fronteras no se restringen y se continúa alimentando un ambiente tensionado.

Por tanto, ante la pregunta difícil de responder de "¿hasta dónde puede llegar un Estado democrático para prevenir un atentado cuando el sospechoso aún no ha cometido un delito que permita encerrarlo?", creo que la primera reacción ha de partir en origen. El problema de fondo no radica únicamente en la existencia de programas de desradicalización, sino en la enorme dificultad para evaluar de forma fiable cuándo un individuo radicalizado ha abandonado realmente la violencia y cuándo simplemente ha aprendido a ocultar mejor sus convicciones. Si los servicios policiales y judiciales entendieron que el condenado por yihadismo era reinsertable, ponerlo en la calle demasiado pronto habría sido el principal error por mucho seguimiento que se le hiciese. Tampoco sabemos si la policía monitorizaba sus conversaciones privadas, pero sería un procedimiento muy cuestionable en un Estado de Derecho. A partir de aquí ya entramos en el terreno de las posibles respuestas políticas, donde existen distintas alternativas.

Deportar extranjeros delincuentes o condenados es un proceso costoso, incluso creando centros en otros países mediante convenios. Tal vez sea preciso valorar que pueda haber personas que no resulten socialmente recuperables porque ya se perdieron en el camino. Y es que el problema aquí no es la inmigración sin más, sino la combinación entre radicalización, integración insuficiente, límites del Estado de derecho y dificultades para evaluar el riesgo de reincidencia. Por ello, si admitimos que no existen medios suficientes, tal vez la alternativa más razonable sea escoger la más estricta: un mayor control y restricción de la inmigración asociada a radicalización. Desde luego, minimizar circunstancias como las sucedidas en Berlín no hace sino allanar el terreno para que algún día vuelva a suceder. 

miércoles, 10 de septiembre de 2025

El conflicto Israel-Palestina: contextos, controversias y la deriva activista

De los temas de los que no me atrevía a hablar en el blog éste es seguramente el que más "tabú" que tenía, dada la gran cantidad de manipulación, medias verdades y desinformación que circulan y la complejidad del mismo, más allá de que muchos pretenden reducir el problema de forma muy simplista. Por eso, me he abstenido de incluir fuentes que pudieran ser especialmente parciales (o más de la cuenta). El conflicto entre Israel y Palestina data de casi 80 años atrás, pero se ha recrudecido especialmente desde hace dos años. En medio de todo esto, el activismo pro Palestina parece haber entrado en una espiral que personalmente no comparto para nada, a pesar de que resulte necesario denunciar la gestión de guerra del gobierno de Israel. Porque las guerras, todas, traen cosas malas y en España lo sabemos muy bien. Porque para mí no existen buenos aquí al menos entre los políticos y terroristas, eso que quede claro a cualquiera antes de seguir leyendo. Vayamos primero con un poco de contexto antes de centrarme en la deriva de ese activismo que entiendo que no aporta nada positivo ni constructivo.

Antecedentes históricos y evolución del conflicto

Desde 1947 se ha hablado varias veces de crear un Estado palestino mediante varias intentonas de acuerdos que jamás han sido firmados. En dicho año, la ONU propuso dividir Palestina en un Estado judío y otro árabe mientras que Jerusalén y Belén se hallarían bajo un régimen internacional especial administradas por la propia ONU. Sin embargo, la parte árabe no lo aceptó porque entendía que asignaba la mayor parte del territorio (58%) a una minoría y estalló la guerra en 1948. En 2000, en la cumbre de Camp David, fue Israel quien ofreció un Estado palestino albergando gran parte de Cisjordania y Gaza. El célebre Yasser Arafat lo rechazó porque consideraba que dejaban a la primera muy fragmentada en sus asentamientos, no incluía Jerusalén y no ofrecía soluciones para los refugiados. Años después hubo una etapa complicada con Ariel Sharon y Bush en EEUU que complicó cualquier acercamiento. En 2008, el israelí Ehud Olmert ofreció a Mahmud Abbas un Estado con retirada de Israel de las regiones mencionadas, intercambio de tierras y Jerusalén Este como capital compartida. Sin embargo, Abbas no firmó alegando falta de garantías contra acciones ofensivas en Gaza. De esta manera, el eterno conflicto tiene su punto de partida en el fracaso de las negociaciones derivada de la escasa voluntad de establecer acuerdos satisfactorios. Sin embargo, hubo algo mucho peor que terminó alejando aún más las posibilidades de acuerdo de paz: el ascenso al poder de los terroristas de Hamas.

En 2006, Hamas ganó por mayoría absoluta en Gaza frente a Fatah, el partido de Yasser Arafat y de Abbas. Un año después estallarían enfrentamientos armados y Hamas se terminaría imponiendo a la oposición  y estableciendo una auténtica dictadura ejerciendo represión interna y censura sin que desde entonces se hayan celebrado más elecciones legislativas ni presidenciales. Palestina terminó dividida en dos gobiernos de facto que serían Cisjordania (ANP) y Gaza (Hamas). Hamas habría sido quién más ha alejado la paz en 75 años por dos razones, que se vinculan a su condición de régimen dictatorial. En primer lugar, mantiene la resistencia armada y terrorista contra Israel atacando indiscriminadamente a civiles que al mismo tiempo activan terribles represalias israelíes. En segundo lugar, oprime a su propia sociedad civil usándola como escudo al establecer infraestructuras militares en áreas donde existen hospitales y centros educativos y a minorías como los LGTBi, aplicando la Ley Sharia y la moral conservadora islámica y penalizando con cárcel la homosexualidad en Gaza con el antiguo código penal británico de 1936. Por el contrario, en Cisjordania es legal desde 1951. Por otra parte, es preciso añadir que aunque existieron acusaciones de desvío de fondos de ayuda a fines terroristas militares no se encontraron evidencias de ello.

El punto de inflexión

El trágico 7 de octubre de 2023 más de mil personas murieron en Israel tras terribles ataques de cohetes disparados por Hamas (incluyendo un festival de música) y cerca de 200 personas fueron secuestradas. Esta fecha se convirtió en un punto de no retorno y la reacción ha sido escalofriante. Para Hamás fue una demostración de fuerza destinada a romper el bloqueo y colocar la causa palestina en el centro del debate mundial, pero para gran parte de la comunidad internacional no fue sino un acto de terrorismo masivo contra civiles que desencadenó una guerra aún abierta. La reacción del gobierno de Israel con Netanyahu al mando, según la misma comunidad, habría tratado de ponerse a la altura de tamaña acción criminal ejerciendo represalias para destruir a Hamas pero generando al mismo tiempo múltiples víctimas colaterales. No es menos cierto que precisamente los terroristas lo han favorecido. Como tampoco es es casualidad que la fuente principal que apunta a más de 60.000 víctimas en Gaza en dos años es... La propia Hamas a través de su ministerio de Sanidad. Y obviamente las ONGs replican esa información y contratan a expertos que la ratifican.

Los genocidios y el rigor en el uso del término

Llega el momento de responder a la primera polémica, ¿es un genocidio lo que está sucediendo en la franja de Gaza? La Convención de Naciones Unidas para la prevención y la sanción del delito de genocidio de 1948 exige probar la intención específica de destruir de forma total o parcial a un grupo protegido. La mera existencia de muertes masivas, hambruna o migración, pese a ser desgarradoras, no bastan por sí sola para una condena legal por genocidio. Incluso la comisión de violaciones de Derechos Humanos. Y es que la calificación corresponde a tribunales con competencia penal, como los de los Estados miembros o la Corte Penal Internacional de Justicia, a pesar de que la Fiscalía esté investigando. Por el contrario, sólo ha sido insinuada por órganos particulares de la ONU como la Oficina del del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (advirtiendo de acciones que estarían impregnadas de características de genocidio) y expresada por algunos gobiernos nacionales como el socialista español, ONGs como Amnistía Internacional, medios de comunicación y periodistas y asociaciones de expertos como la IAGS. Sin embargo, como señalo, no existe ninguna sentencia que así lo confirme como sí sucedió en el caso de la ex Yugoslavia de Radovan Karadzic.

Existen otros casos de investigaciones en curso de genocidios, pero apenas alguno se ha confirmado judicialmente. Está el caso de Sudán en Darfur, por el que la CPI emitió en 2009 orden de arresto contra Omar Al-Bashir por crímenes de lesa humanidad. El dictador fue depuesto por golpe de Estado en 2019 y juzgado y condenado, pero sólo por corrupción y las investigaciones determinaron que no había genocidio. A pesar de ello, la violencia étnica sigue activa en Darfur con denuncias de masacres perpetradas por milicias árabes. En Myanmar, la minoría musulmana rohinyá fue objeto de limpieza étnica y desplazamientos hacia Bangladesh y la CPI admitió varias demandas de declaración de genocidio, que siguen investigándose. En Irak y Siria, la persecución de ISIS contra los yazidíes ha sido reconocida como genocidio por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y el Parlamento Europeo y en Alemania (Frankfurt) se condenó en 2021 a un yihadista expresamente por genocidio. Finalmente, en Azerbaiyán, se expulsó en 2023 a casi toda la población armenia (más de cien mil personas) si bien no existe aún proceso penal que lo sentencie y a pesar de que tras la primera Guerra Mundial más de un millón de armenios ya sufrieron un exterminio por obra de los otomanos. Luego están otros casos como Nigeria y El Congo con miles de muertos y desplazados de religión cristiana en el primer caso y millones de muertos de minorías étnicas durante el presente siglo en el segundo que, sin embargo, nunca han sido reputados como presuntos genocidios sino como crímenes de guerra o lesa humanidad.

Un activismo desnortado

Sin embargo, los activistas de izquierda y entre ellos en España no consideran significativos esos "genocidios" que se están investigando y con todo no son declarados como tales, pero sí el de Gaza que tienen clarísimo que lo es. Así que, ¿qué hay detrás de ello? Pues es muy sencillo. Por una parte, Israel encarna al poderoso, un Goliat con uno de los ejércitos más impresionantes del mundo. Es un país capitalista, muy occidentalizado y con EEUU como tradicional aliado, que a su vez es el monstruo tradicional del socialismo. También es visto como un Estado colonialista. Por la otra banda, Palestina es un "país sin Estado" que reclama independencia, su religión oficial es la musulmana y además su población es racializada, pobre y con escasos recursos. Por si fuera poco, cuenta con un brazo terrorista que para cierto espectro de la izquierda nunca fue un problema para luchar por objetivos políticos. Incluso, ciertos activistas miserables como el siniestro R. Solís los defiende y justifica empatizando de la misma manera en que lo hizo Batasuna de Otegi con los de la serpiente vasca. Pues bien, todo esto es el punto de partida para un activismo que, aún teniendo razón de base en abogar por el fin de la masacre en Gaza que ejerce Israel, peca de la mayor hipocresía y penosa actitud.

Son diversas las acciones en las que los activistas han exhibido más antisionismo que defensa de los Derechos Humanos, más que nada por el furibundo odio que continuamente expresan a la nacionalidad israelí. Demuestran que su guerra de moralidad no va contra el gobierno de Israel por crímenes de guerra sino contra TODA la nación. De hecho, los consideran nacionalsocialistas, equiparándolos con vergonzosos memes al movimiento del famoso ex pintor austríaco. Así por ejemplo, tenemos los intentos de boicot y amenazas a las dos últimas representantes de Israel en Eurovisión (la última sobrevivió al terrible ataque del 7 de octubre), acoso en redes sociales a la actriz de cine Gal Gadot (alguno de ellos instigado indirectamente por la incontinente verbal Rachel Zegler) y qué decir de las presiones de activistas de extrema izquierda en Euskadi, Galicia y Asturias para que ciclistas israelíes abandonasen la Vuelta. Y es que ha llegado a tal punto la imperiosa validación social que llegaron a criticar duramente a la cantante Rosalía por no pronunciarse, en el sentido de que la ausencia de ello equivalía a apoyar a Israel. Es que no se puede ser más sectario. Desde entonces, la artista no ha tenido más remedio que expresar condena para no volver a sufrir una funa. Otras acciones recientes han consistido en performances de dudosa efectividad como la famosa Global Sumud Flotilla con comida y ropa para Gaza que parece más un viaje fin de curso (inventándose ataques con drones para generar victimismo) y "baños solidarios" en el mar con banderitas palestinas en Baleares y Cantabria. En todo esto ha derivado el uso interesado de una tragedia humanitaria y, en síntesis, estos activistas no son sino otra parte más del problema.

Juan Soto Ivars y Arturo Pérez-Reverte, cada uno por su parte, son dos intelectuales que consideran que Netanyahu debe de ser juzgado y preferiblemente por su propio país. A día de hoy, la mayoría de israelíes lo que quieren es la paz y que sus familiares secuestrados regresen a casa sanos y salvos. Por eso muchos no entienden por qué no se establece una paz y ni tan siquiera un alto el fuego. La desconfianza es máxima, pero el gobierno israelí no contribuye tampoco al fin de la guerra. Por otra banda, ambos autores coinciden en que el activismo que dice defender la causa de Palestina hace justo lo contrario y blanquea tanto al terrorismo islámico como el totalitarismo que hay detrás de la religión. Por ello, pese a los ataques cruentos de Israel es muy difícil ocupar un asiento junto a los antisionistas disfrazados de amantes de los derechos humanos. Además, cuando el propio Netanyahu reconoce haber permitido financiación a Hamas para desestabilizar a Palestina mediante fondos provenientes de Irán y Qatar y lo que es peor de la Unión Europea, ¿en qué cabeza cabe posicionarse a favor de su gobierno? Pero no nos confundamos y caigamos en la trampa de la extrema izquierda de odiar a los países y a sus ciudadanos. Son los gobernantes y los terroristas los culpables, no los ciudadanos y menos aún las víctimas.

Y es que, en definitiva, este activismo desnortado de extrema izquierda y que ha contagiado también a la izquierda en España, ha convertido la causa de Palestina y la paz en una dualidad entre el bien y el mal para esconder otros temas y problemas que o bien no le reportan votos (como la inseguridad ciudadana vinculada a la inmigración ilegal y los Menas) o sólo erosionan a su socio para gobernar (la corrupción socialista). Además, también ha impregnado a la tragedia de Gaza de una etiqueta de calidad de forma que toda persona que ose considerarse humana y con corazón debe de posicionarse en el mismo sentido, a pesar de que sus fuentes sean los terroristas de Hamas. Y lo que es más, creerse que los valores de democracia, derechos humanos y respeto a la igualdad LGTBi y hasta lo Queer es compatible con un régimen dictatorial e incluso con la deshumanización de toda una población por el mero hecho de tener la nacionalidad israelí. Ese activismo que se cree salvador de las causas más justas y articula acciones tan constructivas como reventar etapas de la Vuelta ciclista, irse de crucero, hostigar a artistas, romantizar terroristas islámicos e influir en Gobiernos como el de España que ha asumido todos sus postulados. Simple y llanamente porque son su público electoral y porque le ayuda como cortina de humo contra el escenario político nacional. De hecho abrió el curso 2025/2026 con un anuncio de embargo de armas a Israel y ayudas de 150 millones de euros a Gaza mientras las víctimas de la DANA y en La Palma esperan aún.

El futuro y soluciones

La solución al conflicto pasa necesariamente por el reconocimiento oficial del Estado de Palestina pero empleando los cauces formales para ello, esforzándose más en el diseño del acuerdo, más flexibilidad en la negociación y con la firma de la paz definitiva entre Israel y sobre todo la región de Gaza, porque el problema no es Cisjordania. Pero siempre ha de ser irrenunciable la desarticulación y desaparición de Hamas como elemento terrorista. También es necesario que se proceda a la reconstrucción de Gaza con inversión tanto americana como europea. Finalmente, convocar elecciones de manera que exista un gobierno democrático que gobierne ambas regiones. Sin embargo, lo más simple es afirmarlo así tan llanamente, porque el paraíso que supondría eso no parece ni remotamente imaginable a largo plazo, la guerra no parece sino recrudecerse y las partes no parecen ni interesadas en sentarse a negociar. En las mejores épocas, ni tan siquiera en ellas se pudo alcanzar un acuerdo de confianza, seguridad y estabilidad. Además, ni tan siquiera veo factible una amnistía por semejantes crímenes, por lo que necesariamente han de existir condenas ejemplares. Todo esto, sin duda, convierte al conflicto Israel-Palestina en el rompecabezas geopolítico más complejo que existe en el Mundo a día de hoy, peor aún que el de Rusia-Ucrania y sólo nos queda desear que la vida nos de lo suficiente como para algún día ver con nuestros ojos (o escuchar con nuestros oídos) que por fin la Paz sea la triunfadora.

lunes, 21 de agosto de 2017

La barbarie islamista atenta en Barcelona

Quizás era cuestión de tiempo, pero hasta ahora muy posiblemente sólo la gran labor de nuestras fuerzas policiales había evitado que se produjese un atentado islamista en España desde 2004. Ese fatídico día en que murieron cerca de 200 personas en Madrid. El pasado viernes tocó concretamente en Barcelona, después de que se alternasen entre Francia y Reino Unido. Un joven desalmado, de nacionalidad marroquí, atravesaba la zona de las Ramblas conduciendo una furgoneta y haciendo eses para atropellar a la mayor cantidad de gente posible. El atentado ha dejado hasta 15 muertos, 6 de ellos de nacionalidad española y el resto extranjeros. Si bien, el Conseller de Interior separó (de forma lamentable) entre catalanes y españoles en declaraciones presenciales a TV3. De entre ellos, casi todos fueron atropellados salvo uno que fue asesinado por arma blanca antes de robar la furgoneta. Al margen de ello, hay 9 personas en estado muy grave y más de 40 heridos.

También estaba previsto un atentado en Cambrils, pero afortunadamente la acción de los Mossos la evitó. Es más, una mosso femenina (de nombre evidentemente anónimo) fue capaz de abatir a cuatro terroristas. Todos al infierno. Como el responsable conductor que había escapado pero que en esta misma tarde ha sido abatido y portando un cinturón sospechoso. Además, antes de morir gritó que "Alá es grande".

Lo sorprendente es que según las investigaciones podría estar implicado el Imam de Ripoll, que habría actuado como el agente de captación y de reclutamiento de jóvenes yihadistas. Ante una sospecha como esta, es lógico que no se cierre el debate de la islamización. ¿Es necesario establecer controles y seguimientos de los integrantes y responsables de las mezquitas? Y eso sin contar medidas incluso más fuertes como la EXPULSIÓN de todo aquél, por mucho que tenga su residencia legal en España, que cuente con antecedentes de tipo penal. Pero claro, el fanatismo que conlleva la "corrección política" es el mayor apoyo con el que pueden contar los delincuentes, etiquetando de fascista, racista y xenófobo a todo aquél que reclame una mayor seguridad contra el terrorismo. En lo que no estoy de acuerdo es con echar a todos, del mismo modo que no todos los españoles son etarras y no todos los curas son pederastas. Pero tampoco estoy de acuerdo con ese "buenismo" lleno de complejos.

Otra polémica es la ausencia de bolardos como instrumentos para evitar que circulen vehículos en lugares peatonales muy concurridos. Al parecer, Interior recomendó al Ayuntamiento que lo hiciera pero se supone que lo rechazaron. Sin embargo, la respuesta de este último lo desmiente. Ha sido el conseller de presidencia Jordi Turull el que admitió la negativa por "razones técnicas". Desde luego, si se refiere a que no pudieran pasar ambulancias, la policía o demás fuerzas y cuerpos de seguridad, miente o está muy equivocado. Se pueden instalar de manera que se puedan bajar en estas situaciones. Y no sólo en Barcelona, en más ciudades se deberían de tomar estas medidas de prevención del terrorismo. Sin embargo, no me parece ético echarle la culpa de las muertes a los políticos. Recuerda la misma bajeza moral que los que echan la culpa a los jefes de Estado y de Gobierno de países que tienen relaciones comerciales con Arabia Saudí.

Sin embargo, aunque su modus operandi habitual es el de pillarse una furgoneta y atropellar a gente como en muchas ciudades de Europa occidental, los Mossos también descubrieron que su plan inicial era explosivo y haber matado a cientos de personas en las inmediaciones de la Sagrada Familia. Afortunadamente, algo les salió mal y pasaron al plan B. Es más, se llegaron a encontrar bombonas de butano.

En cualquier caso, DEP los fallecidos y todo el ánimo y fuerza a los heridos y a sus familias, que son los que más lo necesitan. Pero no debe cesar la lucha contra el terrorismo y la prevención del mismo, redoblando el trabajo al tiempo que tomando todas las decisiones necesarias para erradicarlo. Y entre ellas, destruir esta "corrección política" que sustenta el inmovilismo y el mirar para otro lado.

lunes, 18 de julio de 2016

Una vez más el terrorismo sacude a Francia

El pasado jueves, el fantasma del terrorismo islámico volvió a azotar (una vez más), el corazón de Francia. En este caso optaron por Niza, donde un camión cruzó a toda velocidad por donde se encontraba una multitud de personas y las arrolló causando hasta 80 muertos y 30 heridos. No se trato de un accidente ni mucho menos, sino de un clara intención de producir lo que causó: matar a decenas de personas. Un día más tarde, ha sido reconocido el atentado por el Estado islámico. Las investigaciones siguen abiertas, pero no hay motivo para pensar que la reivindicación sea falsa. El conductor era un individuo de 31 años con doble nacionalidad tunecina y francesa y no tenía antecedentes por terrorismo, sino simplemente algunos actos delictivos. Fue abatido a tiros por la policía francesa.

El hecho de que el autor de la masacre no haya sido un terrorista reputado no es baladí. El Estado Islámico y el ISIS que lo comanda recluta gente en Occidente que por lo general no son de los suyos. No son religiosos, sino que se trata de gente que se siente marginada, repudiada o bien odia a los demás. En todo caso, víctimas. Y parece que Francia es blanco fácil para ello por la complicada integración de los musulmanes. Pero eso no quita para que los yihadistas les coman la cabeza y les obliguen o instiguen a cometer este tipo de barbaridades. Desde luego, para los terroristas no hay nada peor para su enemigo que cometer sus crímenes con gente de él mismo.

¿Qué puede hacerse para atajar de una vez por todas este problema? una cosa está muy clara: el Estado Islámico está muy vivo y tiene declarada la guerra a Occidente. El terrorismo de Isis es el auténtico problema que amenaza a la comunidad internacional y especialmente a Europa. Analizando en frío (más que en un anterior post), es también evidente que esta gente tiene demasiado dinero y de algún sitio lo recibe. No soy de los que piensa (de la forma más conspiranoica posible) que se financie directamente a los terroristas. Eso, con todos los respetos, es de ser un retrasado mental. Otra cosa distinta es que con la financiación de Europa a Estados de oriente, ese dinero sea destinado a la producción de armas. Porque, vuelvo a repetir, pensar por ejemplo que España vende armamento a los terroristas es algo absolutamente carente de fundamento y, por supuesto, imposible de demostrar con una certeza razonable. Pero eso, amigos, es el argumentario de Podemos. Como también se echa la culpa (y ahí se me escapa la risa) a Aznar, Blair y Bush. De una guerra en Irak de la que han pasado 13 años y en la que no participaron ni Francia ni Bélgica, blancos de los últimos atentados. Y por no hablar de que la mayoría de atentados los cometen en sus propios países.

Por supuesto, hay que cortarles todas las vías de financiación. Pero las indirectas son más difíciles de cortar. Cuando subvencionas a un Estado por cooperación internacional, no necesariamente se justifica el gasto administrativo o público. Y es posible que deviniera en un bloqueo contra el Estado en concreto por culpa del gobierno. Pero también habría que replantear la acción de la ONU y la OTAN. Esas críticas contra estas instituciones posiblemente tengan su parte de razón. Cualquier toma de decisión en el seno de estas organizaciones internacionales tiene que venir dotado del mayor consenso posible y no supeditarlo todo al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La Unión Europea tiene con el Consejo una modalidad más férrea en su actuación de defensa e intervención militar, que no necesariamente tiene que dar lugar a un ataque. Existen muchas otras opciones. Aquí por ejemplo se ha malinterpretado de forma injusta la postura de Ciudadanos, que encomienda la decisión que tome el gobierno español a lo acordado en el seno de las instituciones internacionales. No como hizo el PP en 2003. Las decisiones que se tomen han de ser colectivamente y no de manera unilateral. Pero hay que actuar ya.

Se necesita una cooperación policial permanente para desmantelar células yihadistas y evitar que cuelen armas en las fronteras. Pero especial atención hay que prestar a sus arsenales y campos de entrenamiento. Este tipo de edificios no se encuentran ni mucho menos en plena ciudad, sino en las afueras. Edificios que parecen otra cosa pero son lo que son. Y cualquiera de estos que se descubra en Occidente debe ser clausurado, intervenido, destruído... lo que se quiera pero no podemos dejar que siga funcionando.

Y también es necesario que de una vez por todas se adapte el pacto antiyihadista para que todas las fuerzas políticas estén unidas. Seguro que Podemos tiene su parte de razón, pero lo que no es excusable es su acusación entre líneas a Europa. NUNCA puede ser la víctima la causante de su sufrimiento, como si estuviéramos echando la culpa a la mujer víctima de violencia de género. O exactamente lo mismo que echar la culpa a los "infieles" que murieron a manos de la Inquisición. Y más cuando los países que están siendo más azotados no han ejercido ninguna intervención ni tan siquiera apoyado. Es una forma burda y lamentable de no condenar con absoluta rotundidad el terrorismo islámico.

Estamos de acuerdo con que, si queremos atajar el problema del terrorismo internacional, es preciso hacer cosas distintas a lo que se está haciendo ahora. Pero, ante todo, hace falta cordura. Y no sólo para no soltar bombas a las primeras de cambio, sino para no desviar la culpabilidad y la definición del auténtico problema.

viernes, 25 de marzo de 2016

Atentado terrorista islámico en Bruselas

El pasado martes 22 del presente mes de marzo se cometieron dos nuevos atentados terroristas. Concretamente en la ciudad de Bruselas (Bélgica) y los espacios fueron el aeropuerto y el metro. El resultado ha sido de 30 muertos y más de doscientos heridos. Como era de suponer, ISIS ha reivindicado estos atentados que han sacudido al centro neurálgico de Europa. Demasiado reciente queda el anterior ataque del 13 de noviembre en París y tampoco tan alejada la matanza de Charlie Hebbdo. Es evidente que el terrorismo islámico se ha convertido en un problema de primer orden para la seguridad en Europa. Madrid (2004), Londres (2005), París (2015), Bruselas (2016)... ¿Cuál será la siguiente capital?

Es preciso mencionar que los ministros de Interior y Justicia del gobierno belga pusieron su cargo a disposición del presidente por motivo de un grave error que liberó a uno de los implicados en la masacre y que se inmoló junto con otros tres: Ibrahim El Brakoui intentó infiltrarse de forma ilegal en 2015 la frontera con Siria y fue deportado a Turquía. De allí, fue expulsado a Holanda y regresaría después a Bélgica. Pero ahí no acaba la cosa, puesto que ya fue condenado a nueve años de prisión por robo a mano armada en 2011 y tan sólo pasó 3 años en la cárcel, ya que fue puesto en libertad condicional. Pero Charles Michel, Primer Ministro, no ha aceptado las renuncias.

En España, como era de esperar, hay quien no ha perdido tiempo en retratarse. Como el Alcalde de Zaragoza, llegando a acusar a Occidente de la culpabilidad de tales asesinatos. Claro que sí campeón, enfocando a la víctima como la agresora. Pero también está el ínclito Pablo Iglesias que se niega a firmar el pacto antiyihadista, pero en su lugar y con toda la tranquilidad anuncia que asistirá en calidad de observador a las reuniones. Al mismo tiempo, se atreve a hablar de unidad de todos los partidos. La idea de cortarles la financiación depende fundamentalmente de los países que lo hacen, no de España y tampoco tiene ningún sentido esta acción si no se destruyen sus arsenales y cuarteles. Eso fue lo que hizo Francia y fue duramente criticada por la progresía española, que aprovechó para desinformar y ocultar que los objetivos eran militares. Tampoco nos podemos olvidar del paripé que montó Podemos Navarra junto con sus marcas blancas IU y HB BIldu, que exigió que no se mencionase a la bandera española y Europea en la moción de condena. Vale que las decisiones que haya tomado la Comisión Europea acerca del tema de los refugiados y su envío a Turquía sean dudosas, pero seguimos siendo europeos gobierne quien gobierne. Es igual que la estupidez de Zapatero en 2004 cuando no se levantó al paso de la bandera americana. Pero todavía hay más y es que ahora los ciberfans en redes sociales restan importancia a las condenas institucionales. Claro, se nota que Arnaldo Otegui es su amigo.

Al margen de estas reacciones de chiste, creo que es evidente que las partes en el pacto antiyihadista tienen que darle más contenido a este instrumento y exijan actuaciones inmediatas. No es necesaria ninguna guerra porque realmente YA estamos en ella. Nos la han declarado. Y en todo caso, lo que no puede ser es que permanezcamos parados mientras esta gentuza sigue destrozando familias y causando terror. Si hay que eliminar sus centros de reclutamiento y sus arsenales de armas, hay que hacerlo. Marcar objetivos militares y no civiles, pues si única y exclusivamente se recurre al corte de financiación seguirán existiendo más atentados y más muertes de inocentes. Y, por supuesto, establecer más férreos controles de las fronteras más allá de los aeropuertos, con una mayor coordinación policial y penal de los países europeos. También es necesario que se rastreen todas las páginas webs y redes sociales sospechosas de reclutamiento de yihadistas. Y, por último, ser mucho más duros con las penas. La cadena perpetua revisable por causa de terrorismo en banda organizada debería ser más que motivo para ello.

martes, 17 de noviembre de 2015

Francia, unida contra el terrorismo

Sucedió el viernes por la noche. Precisamente en un viernes 13. Hasta ahora aún no me había atrevido a opinar políticamente sobre el tema, más que de forma muy general en mi veterano blog principal. Se habla de muchas cosas al respecto de este tema y todas ellas obligan a que maticemos bien nuestra opinión de la situación. Pero de una forma u otra hay que ser valiente y exponer las ideas sin miedo o sin el qué dirán unos y otros. Lo que está claro es que el Estado islámico (forma de apelar al ejército terrorista de carácter extremista) desafía a Europa y demuestra que el atentado a la sede de Charlie Hebbdo no era en absoluto anecdótico. Y es un problema que difícilmente se resuelve con palabras y negociaciones. Esta gentuza se dedica a cometer salvajes torturas en sus centros, aparte de entrenar a jóvenes terroristas. Pero claro, luego hay gente que se indigna de que Francia bombardee sus centros.

La primera crítica que se lanza desde los que pretenden dar lecciones contra la hipocresía es que el gobierno francés (o mejor dicho el capitalismo) financia a los terroristas y que ha creado a estos terroristas. En definitiva, que la culpa es de Occidente. Como asegura ese personaje tan lúcido como Willy Toledo. Que no falla, como cuando ocurre una tragedia, para hacer gala de su sapiencia e inteligencia. Sí, el mismo que alivió su esfínter en el día de la Hispanidad. La excusa de echar la culpa a Occidente de los atentados que se producen allí arranca desde 2001, primer y gran barbaridad cometida por los extremistas islámicos. O lo que es peor, calificarlos de "autoatentado". No discuto que parte de ese armamento lo obtengan de países capitalistas, pero esas argumentaciones callan cuando se conoce el evidente patrimonio petrolero de esas dictaduras. Y acusar como en este caso a Francia es casi como responder ante un caso de violencia de género: "pues algo habrá hecho". Una desfachatez absolutamente incalificable.

Otra crítica ha sido el hecho de que se transmita mucha más información y condolencias por los atentados de Francia que del Tercer Mundo. En este caso, la demagogia es mucho más grande. Evidentemente, por cuestiones geográficas y culturales, nos pilla mucho más de cerca el caso francés. Además, no es ni mucho menos habitual que sucede allí esto. Y no supone que nos importe poco o nada lo que suceda en Siria, Irak o el resto de países en guerra. Pero esto es como si algo le pasa a tu vecino en comparación con alguien del pueblo de al lado. Es muy fácil que te entristezca o te indigne más lo que sientes más próximo a tí. Es cierto que toda vida vale lo mismo. Pero a algunos habría que recordarles que son ellos los que deciden qué vida vale más. Por ejemplo, el caso de Isabel Carrasco y los mensajes en redes sociales. ¿Lecciones de vida van a dar esta gente?


El pasado domingo, Francia atacó posiciones del Estado islámico en Siria. Pero la triste manipulación en las redes sociales, así como ciertos titulares informativos amarillistas, desviaron la atención a que el gobierno francés estaba bombardeando Siria. Sí, como si fuera a lo loco. Pero realmente han sido puestos de mando, centros de reclutamiento y depósitos de armas. Ya lo hizo en su momento Putin.Y ahora se ha unido a Francia. El socialista Hollande lo tiene muy claro. "El Estado islámico debe ser destruido". Pues tiene TODA la razón, digan lo que digan. Y todo el parlamento francés, olvidando las diferencias de color político, le aplaude. Para después despedirse cantando el himno de la Marsellesa. Y es que la unión que tienen los franceses desgraciadamente no sólo no la tenemos los españoles, sino que no nos esforzamos siquiera por ello. Desenterrando tras varias décadas después los fantasmas que la Transición sí pudo superar.

Evidentemente esos ataques no son la solución exclusiva, pero a mi modo de ver está claro que si no se les para los pies a estos terroristas seguirán matando a muchas personas. De hecho, están en alerta Londres, Washington, Roma y tal vez Madrid. Incluso el Bélgica-España se ha suspendido porque la policía tenía serias sospechas. Y no sería de extrañar, puesto que ya hubo el viernes una intentona en el estadio de Saint-Dennis.

En España, la formación creada por Pablo Iglesias y Monedero, que rechazó el pacto anti-Yihadista sólo por no firmar donde lo habían hecho PP y PSOE, presenta una serie de 7 medidas que en principio suenan bien. Pero se quedan en un brindis al sol si no llevan aparejadas la cooperación internacional, aunque ya se sabe que a sus votantes la OTAN les suena peor que Arévalo imitando a un gangoso. Aquí se puede consultar el texto del acuerdo, desprovisto de cualquier tipo de populismo. Porque la palma de la demagogia se la lleva Manuela Carmena, Alcaldesa de Madrid. Pide que se hable y negocie con los asesinos que cortan cabezas y torturan a "infieles". Con los mismos de la fotografía de más arriba. ¿Estos son los que se hacen llamar "el cambio"?