Metodología de las instituciones
El CEO (Centre d'Estudis d'Opinió) es un organismo público de la Generalitat de Cataluña financiado con cargo a los presupuestos públicos. Las entrevistas son presenciales en los hogares y las muestras son considerablemente más grandes, de entre 2.000 y 4.000 personas por ola. Publica la intención directa de voto en bruto junto a un modelo de estimación transparente y auditable por el Parlament. Su frecuencia está planificada por ley para su estudio estrella que es el barómetro de opinión política. Así que en la teoría es cuatrimestral, si bien el último se ha retrasado hasta 8 meses debido al acuerdo marco de homologación de empresas.
El GESOP (Gabinete de Estudios Sociales y Opinión Pública) es una institución privada, una empresa consultora que es financiada por medios de comunicación como El Periódico donde se publican los resultados. El método de recogida son entrevistas telefónicas asistidas por ordenador y combinadas con respuesta online y el tamaño de la muestra oscila entre 800 y 1.000 entrevistas por barómetro autonómico. Aplica modelos de estimación propios basados en el recuerdo de voto histórico dentro de su base de datos. No sigue un calendario institucional fijo, sino que depende de las demandas de sus clientes. Así para el Periódico suele elaborar barómetros políticos y electorales de 2 a 4 veces al año, si bien se activa de forma intensiva ante ciclos electorales o grandes terremotos políticos diseñando sondeos específicos.
Contexto según el CEO
Como principales problemas públicos de Cataluña, el 28% de los encuestados mencionó la vivienda mientras que en segunda posición figuran, en el mismo porcentaje del 10%, la inmigración e inseguridad. Esto no necesariamente da a entender que los mismos encuestados relacionen ambas. Seguidamente figuran la insatisfacción con la política y con el funcionamiento de la Sanidad en un 8%. Pro el contrario, las relaciones entre Cataluña y España sólo son mencionadas por un 2%. La desconfianza institucional es más patente cuando un 30% afirma que ningún partido puede resolver los problemas públicos y la segunda opción es "no lo sabe". El primer partido que es mencionado en ello es el PSC.
La situación política de España se valora mucho peor que la de Cataluña, dado que se ha estabilizado en un 55% de negativas frente a un 71% en España en los dos últimos años. También existe una importante insatisfacción con el funcionamiento de la democracia, pero observando la evolución parece ser más un síntoma crónico que coyuntural. Por el contrario, existe una mayor aprobación del Gobierno español desde 2019, reflejando los efectos de las concesiones a los independentistas, los indultos y la Ley de Amnistía. Un 29% apoya a Pedro Sánchez como presidente de España, pese a que la opción mayoritaria es "ninguno" con un 32% y un 17% "no lo sabe". El apoyo a la independencia se mantiene en un 36% de los encuestados, siendo mucho mayor en votantes de Junts y de la CUP y no tanto en ERC y AC.
En confianza institucional, sólo aprueba el Ayuntamiento propio y la peor valorada es la monarquía española con la única excepción de los votantes del PP. Sobre valoración de líderes, el que obtiene mayor puntuación es Salvador Illa con un 4,8 y 59 valoraciones positivas. Seguidamente va Junqueras prácticamente empatado, Jessica Albilach de Comuns con 4,4, Pilar Castillejo de la CUP con 3,9, Silvia Orriols con 3,8, Puigdemont con 3,5, Alejandro Fernández del PP con 2,7 y finalmente el peor valorado Ignacio Garriga con 1,8 y 73 valoraciones negativas. La mejor valorada entre los suyos es Silvia Orriols y también queda claro el rechazo mayoritario que existe de los líderes no independentistas ni catalanistas. En cuanto a líderes nacionales, el más valorado es Pedro Sánchez con 4,5 muy por delante de Alberto N. Feijoo con 2,2 y qué decir de Abascal con un 1,7. En general, el presidente del gobierno de España es valorado positivamente por casi todos los partidos con la excepción de PP, Vox y AC. Los dos últimos, a su vez, valoran peor a Salvador Illa que el resto. En cuanto a líderes catalanes en el Congreso el mejor valorado es Rufián de ERC con 5,6, seguido del Ministro de Cultura Ernest Urtasun de Sumar con 4,9 y la peor Miram Nogueras de Junts con 3,9.
Estimación de voto: el nuevo mapa político catalán
Ambas encuestas confirman un auténtico terremoto político en el Parlament, marcado por la fragmentación y un fuerte crecimiento de la derecha radical.
El barómetro del CEO fue publicado el 9 de julio habiéndose realizado las encuestas entre el 21 de mayo y el 25 de junio de 2026. Durante esos días, estalló el caso de corrupción de Leire Díez y la imputación del ex Presidente Zapatero por el caso Plus Ultra. El PSC de Salvador Illa volvería a ganar las elecciones con un 24,23% de los votos y una horquilla entre 36-38, de manera que sufriría cierto desgaste respecto al resultado de 2024 donde obtuvo 42 diputados. Como segunda fuerza, ERC experimentaría un ascenso pudiendo alcanzar entre 24-26 diputados frente a sus 20 actuales y con un 18,1% de los votos. En tercer lugar, con un 15,1% figura Aliança Catalana de Silvia Orriols y que protagonizaría un ascenso histórico disparándose de los 2 escaños actuales a nada menos que 23-25. Esto dejaría en cuarto lugar a Junts que sufriría el mayor desplome electoral cayendo al 11,8% y perdiendo casi 20 diputados al quedarse en 16-18. Seguidamente, PP y Vox rozarían el 10% cada uno manteniendo márgenes de 12-13 escaños, de manera que el PP podría perder entre 2 y 3 yéndose uno de ellos a los de Abascal. Los Comunes perderían entre uno y dos diputados de los 6 que tienen y la CUP aspira a incrementarse en uno.
Por su parte, el de GESOP materializó las entrevistas entre el 16 y el 22 de julio. La estimación para el PSC como ganador de las hipotéticas elecciones es muy parecida, de 34-37 escaños y con un 25% de los votos. Pero la principal diferencia está en la segunda plaza. Pasa a ser AC con una irrupción masiva y una representación mayor que la del CEO al otorgarle 25-28 asientos y el 16,8% de los votos. No obstante, andaría cerca ERC con 24-27 asientos y con un porcentaje algo menor que en la otra encuesta, un 16%. En cuanto al resto las cifras son básicamente similares con la salvedad de que CUP podría retroceder y no mejorar sus resultados.
Aliança Catalana como elemento disruptivo
El detalle que aporta CEO es que AC, aparte de ser el partido con mayor fidelidad de voto, pesca nuevos votantes de todos los partidos, destacando que un 23% de los que dejan de votar Vox, lo hacen al partido de Orriols. Esta transversalidad es la que puede explicar que los que afirman que votarían a AC se sitúen de media más en el centro y a la izquierda del PP. Otro punto sería cuál se trataría del elemento movilizador en cada caso, que pudiera ser la inmigración, la inseguridad, el rechazo al sistema de partidos o la decepción con el procés. O incluso todo junto, capitalizando el voto alternativo y/o protesta.
Además, AC ha fragmentado aún más el bloque independentista. Anteriormente se articulaba en torno a Junts y la figura de Puigdemont en la derecha más ERC y CUP en la izquierda. Aunque existían diferencias importantes, las negociaciones se producían dentro de un espacio relativamente delimitado. De hecho, el cleavage esencial en Cataluña era ser o no independentista y no tanto ser de derechas o izquierdas. Durante años la política catalana se explicaba fundamentalmente mediante el eje independencia-unionismo y ahora parece superponerse otro eje en torno a la inmigración, seguridad ciudadana e identidad cultural. Esto explica el auge de AC del mismo modo que la consolidación de Vox en España, que a los ojos de la izquierda catalana tiene el mismo programa que Abascal sólo que con más rayas amarillas y rojas en la bandera. Pero ojo, que no es descabellado pensar que haya votantes españolistas anti inmigración que se decanten por AC.
Si Aliança obtuviera 23-28 diputados, las matemáticas podrían hacerla imprescindible para determinadas mayorías independentistas. Sin embargo, la aceptación de ese apoyo plantea dificultades políticas para otros partidos. Así, ERC ha mantenido un discurso muy crítico por sus posiciones sobre inmigración y la sitúa fuera de los consensos democráticos del independentismo. Mayor rechazo ha expresado la extrema izquierda de la CUP por razones ideológicas e igualmente el PSC ha descartado cualquier entendimiento con esa formación. Por su parte, Junts podría encontrarse ante un dilema: competir electoralmente con AC mientras, en un escenario de aritmética parlamentaria ajustada, afrontar la presión de decidir si aceptar o no sus votos ya sea un un acuerdo de gobierno o en pactos y decisiones puntuales. Estos eventuales vetos no tienen por que ser inamovibles y es que la política ofrece numerosos ejemplos de cambios de posición cuando las circunstancias lo exigen (¿verdad, Pedro Sánchez?). Pero de entrada la existencia de tales vetos hace más difícil construir una mayoría estable.
Consecuentemente, AC asiste a una paradoja. Por un lado puede convertirse en un partido bisagra, pero también puede relegarse a ser un partido aislado. En esa tesitura, podría tener capacidad de bloqueo sin llegar a tenerla efectiva de gobierno. Y es que esa acumulación de vetos y rivalidades hace que su crecimiento pueda tener un efecto desestabilizador mayor que el que aparentemente produciría la entrada de un nuevo partido. No solo redistribuye escaños sino que a su vez reduce el número de combinaciones de gobierno políticamente viables, aumentando la distancia entre las mayorías posibles sobre el papel y las que realmente podrían llegar a materializarse.
En definitiva, su irrupción representa una nueva variable en la formación de mayorías en el Parlament de Cataluña, dado que no sólo altera el reparto de escaños sino que modifica las estrategias del resto de partidos, multiplica los vetos potenciales y obliga a distinguir entre la competencia electoral y la disposición a alcanzar acuerdos parlamentarios específicos. Todo esto encaja en el modelo del "blackmail potential" del politólogo Giovanni Sartori.
Escenarios de gobierno y el fin del sistema de grandes polos
| Mayoría | ¿Posible? |
|---|---|
| PSC + ERC + Comuns | Solo en el escenario más favorable |
| PSC + ERC + Comuns + CUP ERC + Junts + CUP | Solo con la abstención de CUP No |
| ERC + Junts + Aliança | Numéricamente sí, políticamente imposible |
| PSC + Junts | No |
| PSC + ERC + Junts | Amplia mayoría, pero hoy muy improbable |
Ahora bien, la situación va más allá de la ingobernabilidad, porque se estaría asistiendo a un desalineamiento entre representación y capacidad de gobierno. Cada vez hay más partidos representados, más pluralidad y mayor proporcionalidad electoral. Pero eso no se traduce necesariamente en gobiernos más representativos o más estables, sino en una mayor dificultad para construir mayorías duraderas. El Parlament refleja esa diversidad del electorado, pero la misma complica la formación de ejecutivos con apoyos suficientes. Y es la causa principal de lo que provoca que la gobernabilidad empeore para todos.
Conclusiones
Ambas encuestas, con sus diferencias metodológicas y resultados, reflejan bastantes datos coincidentes como el ascenso espectacular de AC y cierto retroceso del PSC. Éste, no obstante, sigue siendo la fuerza más votada y cabría valorar que parte de esa pérdida podría explicarse más por la reasignación de escaños entre las fuerzas de oposición y no tanto por desgaste de gobierno. La duda es quién sería segunda fuerza, con un pulso entre ERC por acaparar el voto de izquierdas frente al PSC y AC por un electorado menos definido de lo que parece.
No hay que perder de vista que tanto la media de la ubicación ideológica tendente hacia el centro como la menor apuesta por la independencia de los simpatizantes con AC esconde un dato muy revelador. La composición de su potencial electorado sería más transversal de lo que parece, de forma que su caladero no sería exclusivo del lado independentista alejado de la izquierda, sino que incluso podría atraer voto españolista. Ese porcentaje se correspondería con gente que no aboga por la independencia de Cataluña pero entiende a AC como una opción más potente contra las políticas inmigratorias e izquierdistas del PSOE y que apoya el PSC, concentrando a su vez un rechazo muy fuerte a estos partidos socialistas. De alguna manera esto sería una traslación a Cataluña de la tendencia que ya se observa en el resto de España y acentuada con el avance de casos de corrupción. Sólo que con una particularidad: el clivage independentismo-unionismo sufriría una importante fisura que dibuja una nueva dimensión demoscópica y, consecuentemente, convierte la gobernabilidad en algo más complejo.
El preventivo cordón sanitario contra Aliança Catalana de parte de la izquierda y derecha tanto independentista como españolista es un elemento notorio que advierte del riesgo de inestabilidad política. Las próximas elecciones a la Generalitat serían en 2028 salvo que se adelanten, que no sería la primera vez y sobre todo teniendo en cuenta que ya habrán acontecido las locales y generales. Si la izquierda no es capaz de sumar en los próximos comicios al Parlament, las cuentas son muy complicadas a no ser que algunos se traguen sus palabras y aparquen sus vetos. El escenario, en cualquier caso, es cuanto menos interesante y que será necesario seguir observando.

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